La ciudad de Buenos Aires recuerda desde el pasado 27 de septiembre la obra y la figura de la artista gallega Maruja Mallo con una placa en la puerta del antiguo cine Los Ángeles (Av. Corrientes 1764). Allí estuvo el mural ‘Armonía plástica’ pintado por la española, que se convirtió en una referencia de su obra y en la escena cultural del momento. ‘Marúnica’, como le gustaba llamarse, estuvo exiliada en Argentina desde el estallido de la guerra civil española hasta 1962, donde vivió intensamente el ambiente artístico y donde dejó una huella imborrable en la cultura que sirve de inspiración a muchas mujeres hasta el día de hoy.
En el acto de descubrimiento de la placa llevado a cabo el pasado 27 de septiembre, participaron la diputada encargada de presentar el proyecto en la Legislatura porteña, Cecilia Ferrero, el propietario del teatro Multiescena, Marcelo Morales, el director del Museo Quinquela Martín, Víctor Fernández, e integrantes del colectivo feminista Galegas na Diáspora, impulsoras de esta iniciativa para dejar testimonio de la vida y la obra de las mujeres gallegas en la ciudad. También estuvieron presentes la activista y bibliotecaria de la Universidad Pública de Navarra, Yolanda Rodríguez Villegas; la periodista y actriz Cecilia Hopkins; la directora de la Fundación Ortega y Gasset Argentina, Inés Viñuales y el diputado porteño Hernán Reyes, entre otras personalidades y artistas.
Creadora surrealista multifacética
Maruja Mallo vivió en Buenos Aires durante 25 años en los que continuó desarrollando su vocación artística y creativa en distintos ámbitos. Llegó al exilio en febrero de 1937 sostenida por una sutil red de relaciones del ámbito cultural y político, y una fuerte trayectoria artística y personal de exposiciones y amistades que facilitaron su inserción en el universo social y laboral porteño.
Maruja Mallo, nacida en Viveiro, Lugo, como Ana María Gómez González, pasó su infancia en Corcubión y Avilés. A los veinte años se instaló en Madrid junto a su extensa familia que se trasladaba acompañando los diversos destinos laborales paternos como funcionario de aduanas. Ingresó a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y realizó cursos privados que le ayudaron a salir del academicismo que la oprimía. Participó de la experiencia de Vallecas desde su inicio en 1927 y de innumerables tertulias, verbenas y fiestas con artistas, poetas, escritores y periodistas. En 1926, 1927 y 1928 recibió becas de estudio de la Diputación Provincial de Lugo que le permitieron seguir investigando y experimentando como artista plástica. La Junta para ampliación de estudios de Madrid le otorgó una beca en 1931 que amplió en 1932, para perfeccionar las técnicas de escenografía en Paris. Ejerció como profesora de dibujo y de cerámica. Realizó exposiciones individuales en Madrid con el auspicio de Ortega y Gasset y en París y participó de varias muestras colectivas en Madrid, Barcelona, Gijón, San Sebastián.
El estallido de la guerra civil la encontró en Galicia, su tierra natal, lejos de su casa en Madrid. Con una invitación de Amigos del Arte de Buenos Aires y con la ayuda de Gabriela Mistral y la protección de Victoria Ocampo, embarca en Lisboa en el vapor Alcántara. Traía una vasta experiencia, y el prestigio logrado por las exposiciones y su variado grupo de compañeros y amigos, como Dalí, Lorca, Neruda, Varo, Méndez, Hernández, Ribas.
Durante su exilio, dictó conferencias, escribió artículos y libros, ilustró, pintó cuadros, realizó exposiciones en diversas ciudades, fue escenógrafa y muralista. Una de las obras por las que se destacó fue el personaje que hizo crecer de ella misma, comenzando por su nombre. Un personaje que no coincidía con el modelo femenino aceptado: ella hizo y dijo más allá de lo permitido para las mujeres. Una persona libre, transgresora y creativa que participaba de las tertulias y reuniones de la alta sociedad porteña, al mismo tiempo que mantenía vínculos personales con otros exiliados y emigrantes republicanos. En los años vividos en Buenos Aires continuó su obra de Madrid anterior al 37 que la había definido como surrealista, desbordando el mundo de la pintura y haciendo arte y creación como una forma de vivir.






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