Los restos del insigne jurista, literato y humanista español Rafael Altamira Crevea (Alicante, 10 de febrero de 1886-Ciudad de México, 1 de junio de 1951), dos veces nominado al Premio Nobel de la Paz, y de su mujer, la asturiana Pilar Redondo, fueron inhumados el pasado 10 de febrero en el cementerio del municipio alicantino de El Campello, tal y como era su última voluntad.
Al acto acudió el Rey Felipe VI, el presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres y el alcalde de El Campello, entre otras autoridades. También asistieron María Luz Altamira y Rafael Prieto, nieta y bisnieto del homenajeado.
Entre los presentes estuvo la directora general de Emigración y Políticas de Retorno del Principado de Asturias, Olaya Gómez Romano, así como el rector de la Universidad de Oviedo, Ignacio Villaverde. Altamira obtuvo la Cátedra de Historia del Derecho en este centro académico en 1897 y en 1898 creó junto a otros catedráticos la Extensión Universitaria. Además, en Oviedo se casó en 1899 con Pilar Redondo.
Con motivo del III Centenario de la Universidad de Oviedo, el claustro de profesores decidió organizar un viaje para restituir los lazos con el continente americano, rotos tras las pérdidas de las últimas colonias. Rafal Altamira fue elegido representante del claustro y viaja durante casi un año, entre 1909 y 1910, por Argentina, Uruguay, Chile, Perú, México, Estados Unidos y Cuba. Recogió en un libro toda esa experiencia.
A su vuelta, Altamira fue nombrado inspector general de enseñanza. Pero su unión con Asturias no había finalizado. El intelectual pasaba sus veranos en la localidad de San Esteban de Pravia y es allí donde su nombre sigue vivo y donde se han celebrado cursos de verano en su honor.
Al estallar la Guerra Civil, en 1936, Altamira viajó a Holanda y permaneció allí hasta 1940 cuando los alemanes invaden los Países Bajos. Viaja entonces a la ciudad francesa de Bayona donde permanecerá hasta 1944. De nuevo a causa del avance de los nazis decide trasladarse a Portugal y luego, invitado por la Fundación Carnegie, parte para dar un curso en la Universidad de Columbia en Nueva York. Un accidente durante el viaje que le ocasionó la rotura de la cadera le fuerza a cambiar de destino y se instala definitivamente en Ciudad de México donde estaban exiliadas sus hijas Pilar y Nela. A pesar de su avanzada edad, dicta cursos en el Colegio de México y en la Universidad Nacioanl y participa en actividades organizadas por los exiliados republicanos. Falleció en la capital mexicana en 1951.
Allí reposaron sus restos hasta la inhumación del 7 de diciembre de 2024, fecha en la que inició el retorno a casa que finalizó el pasado 10 de diciembre, donde descansa en un panteón que ha preparado el Ayuntamiento de su pueblo natal, donde reposan él y su esposa, junto a sus padres y abuelos.
Además de su labor como historiador, profesor y jurista en España, destaca también su pertenencia al Tribunal Permanente de Justicia Internacional –antecesor del actual Tribunal Internacional de La Haya–.
La directora general de Emigración y Políticas de Retorno, Olaya Gómez Romano, destacó que con el acto de inhumación de los restos de Rafael Altamira “cerramos un círculo de historia y de reconocimientos, sin olvidarnos de que su legado está más vivo que nunca en Asturias, en esa Asturias que él conoció, que él amó y que sigue defendiendo los valores que promovió a lo largo de su vida, el valor del saber, el compromiso con la educación y con la justicia, y también ese espíritu abierto y cosmopolita que caracterizó la obra y la vida de Rafael Altamira”.
“Por eso, desde Asturias, desde esa tierra que compartió con él parte de su recorrido vital, queremos expresar nuestra admiración y nuestra gratitud y pedir que su memoria nos siga sirviendo de guía en tiempos donde la cultura, el conocimiento y la justicia siguen siendo esos faros imprescindibles para afrontar los retos del presente y del futuro”.





