250 asadores que prepararon 12.000 kilos de carne, para inscribir a Uruguay en el Libro Guinness de los Récords como el país donde se hizo el asado más grande del mundo.
Un kilómetro y medio de parrillas, fueron cubiertas después que los bomberos encendieran el fuego, aunque el carbón se hizo esperar lo suficiente como para atrasar una hora la fiesta que a esa altura los 20.000 comensales aguardaban con in disimulable expectativa. Sin embargo los expertos asadores calmaban a los ansiosos explicándoles que “en un buen asado la carne no debe esperar a los comensales”.
Es que estaba en juego el récord para el Libro Guinness que ostentaba hasta ese momento México con 9.000 kilos de carne asadas en una sola parrilla y al mismo tiempo. Estos dos datos fueron cruciales para crear aún más tensión entre los asadores y espectadores, porque las parrillas deberían estar todas unidas en el sol que se había formado en el ruedo del Complejo de Exposiciones de la Rural del Prado de Montevideo.
Hasta que al final, ya con el carbón en su máxima expresión calorífica, comenzó la cuenta atrás para al mismo tiempo los 1.250 asadores comenzarán a depositar sobre las parrillas las doce toneladas de pulpa de vacío de vacas uruguayas, todas certificadas con su trazado genético que permite identificar hasta en qué pastos pastoreó.
Allí se produjo la euforia del público y el alejamiento de los mosquitos porque el humo que salía de los crujientes carbones salpicados por la grasa, fue tal que no se veía a menos de diez metros, quedando toda la rural envuelta en una niebla con sabor a carne.
Rápidamente los asadores comenzaron a demostrar su habilidad y sapiencia, para reducir la humeante parrilla y al mismo tiempo proteger de que la carne no se pasara, ya que deberían ser retiradas todas de la parrilla a punto de cocción.
La tarea fue cumplida, y todos los asistentes pudieron degustar de medio kilo de carne asada, caliente y tierna, que posibilitó además que el certificador del libro Guinness desatara en los 25.000 espectadores un desaforado grito de “viva Uruguay”, que llenó todo el Prado, tal como si hubiera sido el gol que le valía la copa del mundo de fútbol para este pequeño país del Río de la Plata, que como dijo el director del Instituto Nacional de Carnes de Uruguay, Rodolfo Prati, “para un pequeño país como el nuestro esto fue una experiencia muy grata, pretendíamos poner a la carne uruguaya en el concierto mundial y nos hemos enorgullecido también de poder hacerlo”.
Presencia gallega
Grande fue la sorpresa al encontrar asando en pleno ruedo a Francisco Antelo, un emigrante gallego de Coristanco, que lleva 53 años en Uruguay luego que viniera cuando tenía tan solo 9 años.
Trabaja en el INAC, y confiesa que fue una mujer, su compañera de trabajo Carol Martínez, la que lo animó a participar junto a ella cocinando el asado más grande del mundo.
Antelo bromeó, quizás para disimular su emoción al terminar el asado, que “me siento muy uruguayo, pero a este asado le faltaron las ‘patacas’ de mi tierra”, haciendo alusión a Coristanco.
Expresó que “participar en este evento fue un honor, y creo que no se dará más mientras yo viva”, por lo que la emoción cuando todos gritaban “Uruguay, Uruguay”, “nos hizo sentirnos unidos a los 1.250 asadores, tal como si fuéramos un equipo”.
“Yo era una pequeña celulita junto a Carol, con la que atendimos veinte kilos de carne sobre la parrilla. Pero sentía que teníamos que lograr ese récord para que este pequeño país que me dio cobijo y de alguna forma atendió a mi familia, retribuirle con todas mis fuerzas y ansias todo lo que me ha dado”, subrayó.
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Julio Sosa llegó desde Barcelona para incorporarse al evento
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Finalmente también vale destacar la presencia de Julio Sosa, un uruguayo que tiene un negocio gastronómico en Barcelona y vino a Montevideo también a participar, entre otros que se desplazaron de todos los rincones del Uruguay para estar conquistando este récord Guinness.
Generalmente en las parrillas uruguayas, son los hombres los que asan las carnes, pero más de la tercera parte de los que prepararon el asado más grande del mundo eran mujeres, y Francisco Antelo explicó que “el asado no es cosa de hombres, es de familia, y esas familias son hombres y mujeres”, puntualizó.