Reflexiones sobre el CGCEE

Por Miguel González

Los días 30 y 31 de enero se vivió en Madrid el último acto del VI Mandato del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior (CGCEE). Fue una sesión plenaria ágil, en comparación con otras, y en la que los consejeros abordaron importantes asuntos relacionados con la colectividad española, tal y como se refleja en las páginas de este número de España Exterior.

También fue una sesión llena de despedidas. La primera fue la del exdirector general de Migraciones, Aurelio Miras Portugal, quien guio la política de emigración del Ministerio de Empleo y Seguridad Social en los últimos cuatro años. Su sucesor, Ildefonso de la Campa, actuó con la profesionalidad y el buen sentido de quien lleva más de una década trabajando a favor de los residentes en el extranjero desde el Gobierno de Galicia.

Y dejarán su puesto otros consejeros que llevan muchos años defendiendo los intereses de la emigración, como por ejemplo Francisco Ruiz, consejero por Suiza, y que fue presidente del CGCEE de 2005 a 2012. Muchos le echaremos de menos.

Ahora se abre un periodo de ‘interinidad’ hasta que se convoque el que será I Pleno del VII Mandato del CGCEE, previsiblemente en torno al mes de junio. Accederán entonces al Consejo nuevas caras, nuevos nombres y se prevé un descenso de la edad media que servirá para que la nueva emigración -formada tanto por los españoles que han dejado el país en los últimos años como por las segundas y terceras generaciones de los residentes en el exterior- asuman con responsabilidad la tarea de avanzar en la plena aplicación de la Ley del Estatuto de la Ciudadanía Española en el Exterior y de dar una solución a las demandas e inquietudes de un colectivo que tantos ejemplos nos ha dado de generosidad, sacrificio y amor por su tierra.

Porque el prestigio de un órgano como el Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior lo forjan aquellas personas que forman parte de él, quienes vengan a ocupar los asientos vacíos han de saber que se enfrentarán a una tarea compleja y difícil porque conseguir que un diplodocus como es la Administración española se mueva con la flexibilidad de una liebre es casi una quimera. Los obstáculos, las pegas, las excusas serán miles así que la recomendación es que los nuevos consejeros se armen de paciencia, que sean constantes, que perseveren en sus reclamaciones, porque, aunque sea poco a poco, se consiguen avances importantes que sirven para mejorar la vida de los españoles que viven en el extranjero y también de los retornados.

En cuanto a los consejeros que repiten, es un buen momento para tomar impulso y continuar trabajando a favor de la diáspora, tanto desde el CGCEE como desde los CRE.

Nacionalidad, voto y prestaciones socio-sanitarias son las tres prioridades a día de hoy del CGCEE. Hay otros asuntos de relevancia, pero quizás sean esos tres los más importantes. Atención a los más necesitados, acceso a la ciudadanía y el ejercicio de los derechos de participación política son cuestiones primordiales para que nuestros compatriotas del exterior mantengan y refuercen sus lazos con España.

Los emigrantes, aquellas personas que abandonan su tierra de origen en busca de un futuro mejor para ellos y sus familias ya sean viejos o jóvenes, vivirán siempre con un pie aquí y otro allá. Aquí serán el argentino, el suizo o el americano, y allí serán el español o el gallego. Es difícil que ese desgarro deje de sangrar, incluso en estos tiempos de globalización. Pero que sepan que desde este humilde periódico estaremos siempre a su lado, dando a conocer sus andanzas, sus reclamaciones, sus inquietudes, sus aspiraciones y sabiendo seguros que todos ellos son de los nuestros.