Francisco Vázquez deja A Coruña tres días después de que Fraga sea elegido senador

Renuncia a la Alcaldía coruñesa para ser embajador ante la Santa Sede

Fraga deja el Parlamento gallego, tras 16 años como presidente de la Xunta, y Francisco Vázquez, la Alcaldía de A Coruña que encabezaba desde 1983.
El ex presidente de la Xunta se despidió del Parlamento gallego con el compromiso de “seguir sirviendo a Galicia”, después de que el pleno de la Cámara designara al veterano político, senador en representación de la Comunidad Autónoma, con 74 votos a favor de 75 posibles.
Casi todos los miembros de la Cámara, incluido el presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, aplaudieron la designación de Fraga y todos los diputados del PP se pusieron en pie para felicitar al veterano político. Fraga, de 83 años, pidió un turno de palabra para expresar su satisfacción por haber estado “bastantes” años en el Parlamento y destacó que llegará al Senado en un “momento oportuno” para estudiar la reforma de la Constitución Española, de la que fue uno de sus ponentes. Dio las gracias a Galicia, donde pasó, dijo, los “mejores años” de su vida al servicio público, que suman 55, y concluyó su intervención asegurando que su primera obligación será “seguir sirviendo” al conjunto España, pero muy especialmente a su querida tierra, que es Galicia.
Sólo tres días después se supo, tras adelantarlo La Voz de Galicia, que Francisco Vázquez iba a dejar la Alcaldía de A Coruña, aceptando el nombramiento que le propuso Zapatero para ser embajador de España ante la Santa Sede. Alcalde desde 1983, recibió el visto bueno del Consejo de Ministros y el Vaticano y tendrá como misión “mejorar las relaciones con la Santa Sede”, según confirmó el presidente del Gobierno.
Vázquez sustituye en el cargo a Jorge Dezcallar y a finales de mes se despedirá de la ciudad. Zapatero confirmó que la reconocida fe católica de Vázquez “pesó” a la hora de decidir su nombramiento. El catolicismo del dirigente provocó en ocasiones algunos problemas al PSOE, porque Vázquez apeló a su libertad de conciencia para negarse a respaldar como diputado la ley que abrió la puerta al aborto y, más recientemente, para no asistir en el Senado a la votación de la ley que admitió el matrimonio entre personas del mismo sexo.