Cuatro personas resultaron heridas como consecuencia de la explosión, fuera ya de peligro.
En el momento del atentado, según explicó el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, estaban en la casa cuartel 29 personas, entre ellas cinco niños. ETA intentó una “masacre”, tal y como señaló el ministro. De los cuatro heridos, tres agentes permanecían todavía ingresados y se encontraban estables aunque fuera de peligro, dos de ellos en la UCI con pronóstico reservado y otra heridas leves; mientras que la cuarta persona fue dada de alta.
El fallecido, Juan Manuel Piñuel, de 41 años y natural de Melilla, llevaba dos meses destinado en Álava, donde se había desplazado desde Málaga para lograr la preferencia que le permitiera volver a su lugar de origen.
El atentado ocurrió minutos antes de las tres de la madrugada. Los activistas de ETA estacionaron el vehículo a unos metros del edificio, de tres plantas, que quedó prácticamente derruido, al igual que el vehículo utilizado. Piñuel, que se encontraba en un pequeño edificio de vigilancia quedó enterrado entre los escombros, junto a otro compañero, un sargento, al que los bomberos lograron rescatar con vida.
Condenas
Las reacciones al atentado no tardaron en llegar. El Rey expresó su repulsa y su más firme condena, además de transmitir su pésame a los familiares del fallecido. El pleno del Congreso de los Diputados vivió una jornada especial, puesto que el PP y el resto de partidos de la oposición retiraron las preguntas al Gobierno y se sucedieron los mensajes de unión y los aplausos recíprocos entre los partidos. El presidente del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, mostró su más enérgica condena por el “cobarde, miserable y criminal” atentado y agradeció a todos los grupos parlamentarios el respaldo unánime trasmitido a la ciudadanía.
Posteriormente se trasladó al País Vasco para transmitir su condolencias a la viuda y los allegados del agente, al igual que hicieron Mariano Rajoy, el resto de líderes políticos y el lehendakari Juan José Ibarretxe, que puso la nota discordante en su condena del atentado al referirse a sus planes políticos y el futuro de la Comunidad en una ocasión así.
Al día siguiente, los Príncipes de Asturias presidieron en Vitoria el funeral por Juan Manuel Piñuel, que fue despedido entre aplausos y vivas a la Guardia Civil con la unidad de los partidos en las concentraciones de condena. Durante la misa, una persona gritó: “Juan Manuel, has muerto por ser español en una tierra en la que te puede costar la vida ser español. Gracias por tu sacrificio. Otros cogeremos la antorcha”. Este grito, en un momento de silencio después de la comunión, fue respondido con aplausos por algunos asistentes al funeral, al igual que los vivas a la Guardia Civil, más numerosos, cuando ya terminó el oficio religioso. Una vez fuera del templo, el féretro fue llevado en avión a Málaga, donde viven su mujer y su hijo, y recibió sepultura.
Mientras, miles de ciudadanos salieron a las calles de toda España para condenar con su silencio el asesinato del guardia civil Juan Manuel Piñuel a manos de ETA. Las concentraciones de repulsa se celebraron en los ayuntamientos de todo el país y destacó la unidad de todos los partidos políticos. Por otro lado, las investigaciones de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado ya están dando sus frutos y se supo que ETA robó la furgoneta y montó la bomba en Francia. Los agentes encontraron un pasamontañas y las llaves del primer coche que los terroristas usaron para huir de la localidad de Legutiano.
Días después del atentado, el Parlamento vasco aprobó una iniciativa, con los votos de los partidos que conforman el Ejecutivo autonómico y del Partido Comunista de las Tierras Vascas, en la que acusó al Gobierno central de “amparar sistemáticamente y sin excepción a las fuerzas de seguridad del Estado ante las denuncias de malos tratos a los detenidos”. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, desde Lima, respondió con un llamamiento a la “responsabilidad” a la Cámara vasca y rechazó este tipo de “juicio de intenciones”.
Homenaje a las víctimas y nuevo atentado
Dos jornadas más tarde, el Ejecutivo vasco organizaba un homenaje a las víctimas del terrorismo, en San Sebastián, que registró la asistencia de unas quinientas personas, pero que no contó con la participación de representantes del PP, de la Asociación de Víctimas del Terrorismo ni del Colectivo de Víctimas del País Vasco. Horas después, ETA volvía a cometer un nuevo atentado, con la explosión de una furgoneta bomba en el paseo marítimo de Getxo que provocó numerosos daños materiales.
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Unidad de los partidos contra la barbarie
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Los partidos reunidos en el Congreso tras el atentado etarra se comprometieron a “responder con unidad y firmeza” a ETA y acordaron “combatir con coraje y fortaleza democrática” a la banda hasta “derrotarla definitivamente a través de la fuerza exclusiva del Estado de Derecho”. En estos términos está redactado el texto del documento firmado por todas las fuerzas políticas, los sindicatos y la patronal. “ETA vuelve a desafiar a los demócratas, y de nuevo queremos decir que los terroristas jamás conseguirán sus objetivos”, añade la declaración, en la que se advierte a los autores de la muerte del guardia civil Juan Manuel Piñuel que “sólo les espera la aplicación de la ley, la acción policial y el ejercicio de la justicia”. El documento fue acordado en una reunión de apenas media hora que propició una foto poco habitual en los últimos años: los representantes de todos los partidos sin excepción, juntos y sin expresar matices, para presentar una declaración unánime contra ETA.