La explosión no causó víctimas, pero sí cuantiosos daños materiales. Cerca de 600 personas habían solicitado a la Delegación del Gobierno indemnizaciones por los destrozos ocasionados en sus viviendas y en locales comerciales. Todos los partidos democráticos condenaron la acción de los terroristas.
Hacia las dos de la tarde del Viernes Santo, una potente explosión estremeció la ciudad riojana de Calahorra. Un coche bomba que ETA había colocado junto a la casa cuartel de la Guardia Civil y que estaba cargado con 70 kilos de explosivos saltó por los aires sin que se registraran daños personales. Sólo un agente del cuartel resultó con heridas leves.
Sin embargo, los daños materiales fueron cuantiosos, ya que la onda expansiva afectó a cerca de 300 edificios de la zona, muchos de los cuales quedaron destrozados. La Delegación del Gobierno en La Rioja había recibido en los primeros días cerca de 600 solicitudes de indemnizaciones.
El director general de la Policía y la Guardia Civil, Joan Mesquida, dijo que en el atentado habían participado “varios individuos”. Los expertos en la lucha antiterrorista investigaban las cámaras del cuartel para tratar de identificar a los etarras que colocaron el coche junto a la casa cuartel.
El vehículo utilizado en el atentado, un Honda Civic de color azul, había sido robado a punta de pistola el día anterior a una pareja de Álava a la que los asaltantes secuestraron y dejaron en un monte de la provincia, donde fue encontrada posteriormente. Además, las autoridades no descartaban que el atentado hubiera sido obra del ‘comando Vizcaya’ que podría tener alguna infraestructura en esta provincia del País Vasco.
Actos de condena
Las reacciones a esta nueva acción terrorista no se hicieron esperar. Numerosas personas, entre ciudadanos anónimos y políticos de todos los partidos democráticos se concentraron en silencio en Calahorra y en otras ciudades, convocados por la Federación Española de Municipios y Provincias, para expresar su rechazo a ETA.
También se sucedieron las concentraciones contra ETA al día siguiente en numerosos puntos del país.
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que se encontraba descansando en el Parque de Doñana cuando se produjo el atentado, estuvo en todo momento informado por el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.
La Comisión Ejecutiva Federal del PSOE emitió un comunicado de condena y de solidaridad con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. También el PP expresó en una nota su apoyo a la Guardia Civil y reiteró su postura de no negociar con los terroristas. El resto de los partidos y de los Gobiernos autonómicos se sumaron a las declaraciones de condena.
“ETA se empeña en seguir el camino de la destrucción y de la muerte, que no tiene salida porque está el Estado de Derecho, la unidad de los demócratas y, sobre todo, la voluntad férrea de los demócratas de no dar un paso atrás; su único horizonte será la cárcel”, manifestó el secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, quien viajó hasta Calahorra poco después del atentado.
Camacho destacó la labor realizada por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad que, al desalojar la zona y acordonarla habían “evitado daños irreversibles”.
Media hora antes de que se produjera la explosión, una llamada anónima a la DYA de Vizcaya y otra a los bomberos de Calahorra avisaron de la colocación del coche bomba junto al cuartel de la Guardia Civil. Las fuerzas de seguridad tuvieron tiempo de desalojar la zona para evitar daños mayores.
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Halladas dos fiambreras con explosivos en Ciudad Real
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Dos fiambreras con material explosivo en su interior fueron halladas el 19 de marzo dentro de una bolsa de basura que estaba semienterrada en un monte de Ciudad Real.
El hallazgo lo realizó un ciudadano que paseaba cerca del pantano de La Torre de Abraham, término municipal de Retuerta del Bullaque, Ciudad Real, y que avisó a la Guardia Civil.
Los especialistas en desactivación de explosivos de la Comandancia de la Guardia Civil de Ciudad Real se hicieron cargo del material. En una primera inspección dijeron que podría tratarse de material perteneciente a ETA.
Una de las fiambreras estaba envuelta en cinta para embalar y en su interior había unos cinco kilogramos de polvo grisáceo que pudiera corresponderse con amonal. En un envase de forma tubular, 765 gramos de polvo amarillento que pudiera ser cloratita, unido a un cordón rojo de 24 gramos que pudiera ser el detonante. En la otra fiambrera había una caja plástica de color beige con material eléctrico que pudiera corresponderse con el temporizador.