Su eliminación en semifinales del torneo de Cincinnati ante el serbio Novak Djokovic, por 1-6 y 5-7, ha supuesto un pequeño aplazamiento hasta hacerse con un cetro que durante cuatro años ha tenido un único dueño.
Nadal, además, se convertirá en el tercer español, tras Juan Carlos Ferrero (2003) y Carlos Moyá (1999), en ostentar la condición de mejor tenista del mundo.
De haber ganado en Cincinatti, el tenista balear hubiese ascendido al trono mañana, día 4, pero el retraso no le “importa”. “Me siento feliz porque con toda seguridad voy a ser el número uno. Es una recompensa a un trabajo duro a largo plazo. Pero no hay tiempo para estar emocionado y disfrutar”, advirtió Nadal, cuyos inmediatos objetivos se centran en los Juegos de Pekín y en el Abierto de Estados Unidos.
Nadal reconoció también que “el cansancio” acumulado le había pasado factura en su partido ante Djokovic, tercer cabeza de serie y convertido también en un firme aspirante a número uno del ránking.
“Probablemente, a lo largo del torneo no he estado al cien por cien”, declaró Nadal, que dijo adiós a Cincinnati tras una hora y 25 minutos de juego. Fue su primera derrota tras casi tres meses de victorias consecutivas (su última derrota data del pasado 7 de mayo durante el Masters Series de Roma, cuando perdió ante Ferrero).
Para Nadal, el balance de este verano está siendo “casi perfecto”. “He jugado la mejor temporada de verano de mi vida, así que me siento muy feliz por ello”.