El nuevo cónsul general en Montevideo se reencontró con los directivos de las entidades españolas

Manuel Fairén ya había ocupado el cargo en los años 80

El cónsul Manuel Fairén flanqueado por Rosita Lladó (izq.), presidenta de la FIEU, y Mariela García, presidenta de los valencianos.

Con una asistencia casi total Fairén Sanz pronunció en el típico restaurante de la Ciudad Vieja unas breves palabras, poniendo énfasis en su satisfacción por la  masiva presencia, considerando esta reunión como un reencuentro con antiguos amigos y también de presentación para otros dirigentes que no conocía.

Es que el nuevo cónsul general ejerció la misma función en la  pasada década del ochenta, durante cinco años de recordada actuación, dejando el mejor de los recuerdos, patentizado en las múltiples y emotivas escenas que tuvieron lugar en el reencuentro.

Conocedor del medio en que se va a desempeñar, manifestó su alegría por haber sido nombrado nuevamente cónsul general en Uruguay, cargo muy requerido y por el que tuvo que luchar; asegurando que su gestión será de puertas abiertas y estará siempre disponible para encontrar en el marco de las competencias de la oficina consular las soluciones a los españoles residentes en Uruguay.

Heredero de la diplomacia más humana

Nacido en Zaragoza el 11 de julio de 1947, casado y con dos hijas, una de ellas nacida en Uruguay, Manuel Fairén es Licenciado en Derecho, y como diplomático de carrera ha prestado servicios en el Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid y en el servicio exterior en Gabón, Cuba, Luxemburgo, Montevideo, Buenos Aires y Santiago de Chile. 

Manuel Fairén Sanz fue acreditado en Buenos Aires el 28 de agosto de 2002, cuando aún persistía la grave crisis económica que afectara a la vecina república a fines del año 2001. En octubre del mismo año ascendido al cargo de Ministro Plenipotenciario de tercera clase.

Comprometido con la comunidad española, con la que mantiene trato fluido y armónico, su tarea ha sido constante y efectiva, tal como lo demuestra el cariño que le tienen muchos directivos que actuaron en la década del ochenta cuando él fue cónsul en Montevideo.

Unos honrosos antecedentes familiares en el cuerpo diplomático, ya que Manuel Fairén Sanz es sobrino, por línea materna, del diplomático zaragozano Ángel Sanz Briz, que fuera encargado de negocios de España en Budapest durante la segunda guerra mundial, entre los años 1943 y 1944 y evitara la muerte de numerosos judíos húngaros perseguidos por las fuerzas de ocupación alemanas, trabajando en colaboración con el primer secretario de la Embajada sueca, Raoul Wallenberg, el italiano Jorge Perlasca, el cónsul suizo Carl Lutz y otros funcionarios diplomáticos y consulares que integraron una red que, utilizando todos los recursos posibles, lograra impedir que miles de personas fueran conducidas a campos de concentración.