Nélida Piñón deposita su legado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes

Es la primera vez que un autor en lengua portuguesa entra en la “cámara de la memoria” de la institución

Nélida Piñón con el legado que depositó en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes.

La escritora y periodista brasileña Nélida Piñon depositó este miércoles en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes una amplia colección de libros, fotografías y objetos personales y familiares que resumen su premiada trayectoria como gran dama de las letras en lengua portuguesa y muestran su especial querencia por España, tierra de sus ascendientes. Es la primera vez que una autora en portugués entra en este rincón de la sede del Instituto Cervantes, que desde hoy adquiere “una dimensión iberoamericana”, según destacó Luis García Montero.

Nélida Piñón (Río de Janeiro, 1937), hija y nieta de emigrantes gallegos que acaba de recibir la nacionalidad española por carta de naturaleza, depositó en la antigua cámara acorazada una primera edición de su primera obra, Guía-mapa de Gabriel Arcanjo (1961), que la consagró como autora reconocida, así como el manuscrito de su novela La república de los sueños (A república dos sonhos, 1984). Su último título publicado es Un día llegaré a Sagres (Alfaguara), y sobre él charló después con el escritor, editor y periodista Juan Cruz.

En la misma caja de seguridad, la número 1261, dejó más retazos de su trayectoria creativa: otros libros, fotografías (como el de la recepción del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2005), discursos (casi todos en español) y diversos textos.

De su vida personal y familiar legó plumas de escribir que pertenecieron a su padre y a su abuelo, el abanico de su madre y su abuela, marcapáginas, un muñeco de Popeye con el que su madre le animaba a comer en su infancia, otros muñequitos con su figura comprados en ferias populares (“estar en el imaginario popular es el mayor honor para un escritor”), una tortuguita que perteneció a la mítica Carmen Balcells (cuyo hijo, responsable de la agencia literaria barcelonesa, acompañó a la autora) y paquetes cerrados con mensajes para amigos.

La escritora con el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero.

En definitiva, “huellas que uno va dejando sin tener noción de lo que está haciendo”, explicó en español, retazos de la larga vida de quien se definió como “una nostálgica y sentimental, aunque también una mujer de gran disciplina”.

El legado tendrá como destino final la biblioteca patrimonial del Cervantes, que la institución ha abierto este año en su sede de Alcalá de Henares (Madrid), ciudad natal de Miguel de Cervantes.

“Configurar una comunidad iberoamericana”

El director del Instituto Cervantes destacó la importancia demográfica que suman las lenguas española y portuguesa, e insistió en la voluntad de la institución de “configurar una comunidad iberoamericana”, una especie de hermandad España-Portugal-Hispanoamérica-Brasil. La entrada de Nélida Piñon en la Caja de las Letras corrobora y permite avanzar en este objetivo.

Luis García Montero agradeció también el “generosísimo legado al Cervantes” de la autora brasileña, quien ha donado su biblioteca personal al centro Cervantes de Río de Janeiro.

Nélida Piñon es hija de madre brasileña con ascendencia gallega y de padre gallego. Hacia 1910, su abuelo materno Daniel (Nélida es un anagrama de este nombre) emigró desde Pontevedra a Brasil, hechos que quedan reflejados en La república de los sueños. Esos orígenes han marcado su obra creativa y su trayectoria, hasta convertirla en una ferviente defensora del entendimiento entre las comunidades literarias de habla española y portuguesa.

Tras la entrega del legado, y ya en el salón de actos, la autora homenajeada mantuvo una charla sobre su última novela con el editor Juan Cruz, precedida de palabras de García Montero y de Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara.

Un día llegaré a Sagrés, recién publicada en español, narra la historia de Portugal a través de su protagonista, Mateus, un joven aparentemente insignificante, un campesino temerario en un momento en el que lo más necesario es, precisamente, la temeridad.

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