Manuel Rodiño recibe el homenaje de la colectividad en Montevideo el día de su centenario

Nacido en Poio (Pontevedra), en 1924, fue uno de los fundadores del Hogar Español y dedicó buena partes de su vida a trabajar a favor de la emigración española y gallega

Manuel Rodiño
Manuel Rodiño junto a su esposa Norma y sus hijos.

Manuel Rodiño recibió junto a su esposa Norma, el cariño de familia y amigos el pasado 31 de marzo en el mesón del Club Español de Montevideo, donde celebró sus cien años de vida. Ha ejercido la presidencia y distintos cargos en directivas de instituciones españolas, entre ellos participó en la fundación del Hogar Español de ancianos, hoy Española Hogar. En su larga actuación en estos cien años se destaca el haber sido quien atemperó los ánimos de las divisiones entre republicanos y franquistas en el siglo pasado, con un éxito que hoy se refleja en una colectividad unida.

Manuel Rodiño Buceta, nació el último día de marzo de 1924 en Poio Grande, más precisamente en la casa ubicada en el lugar del Molino detrás del Monasterio de Poio. Su padre, José Rodiño Esperón, había nacido en 1898 y muy joven emigró a Estados Unidos. En plena Primera Guerra Mundial lo quisieron nacionalizar, pero se negó porque sabía que, en algún momento, como a todos los extranjeros nacionalizados, lo iban a mandar al frente de batalla. “Por lo que regresó de inmediato en un barco que lo dejó en Lisboa”, donde llegó caminando con veinte años de edad a su casa natal, formando allí su familia con María del Pilar Buceta, madre del homenajeado el pasado 31 de marzo en el mesón del Club Español de Montevideo.

Pero volviendo a la vida de su padre en los primeros años del siglo pasado en Estados Unidos, le escribía las cartas a sus paisanos analfabetos y fue justamente María del Pilar Buceta la destinataria de una de esas cartas dictadas por su novio emigrante. “Cuando llegó a Poio la conoció, se enamoraron y con aquella a quien él le escribía las cartas de su novio, se casó. Y así, de esa unión, nacimos mi hermano Ángel y yo”, le contó Manuel Rodiño al escritor Manuel Losa hace seis años.

La familia Rodiño Buceta siguió los mares de la emigración al estallar la guerra civil española, pero en esta oportunidad el lugar de destino fue Uruguay donde unos tíos de José Rodiño tenían la fábrica de gaseosas Esperón Hnos. y “pensó que le darían trabajo enseguida, pero le dieron la espalda”, comentaba Manuel quien explicó que luego consiguió trabajo de encargado de un edificio, por lo que el 25 de agosto de 1936 su madre, su hermano Ángel y él llegaron al puerto de Montevideo donde su padre les esperaba.

Manuel Rodiño recordaba que, a los pocos días de llegar, con doce años, había conseguido trabajo de mandadero en el almacén y ferretería La Llave, cambiando luego de empleador mejorando su salario.

Su padre le solventaría el costo de un buen colegio, La Sagrada Familia, por lo que trabajaba y estudiaba para, a los quince años, ingresar a trabajar en el Dique Mauá, donde soñaba con embarcarse en uno de esos buques de transporte de guerra, para regresar a España. Así fue como cuando tenía 21 años y su hermano con veinticinco, instalaron un taller propio de mecánica de precisión, naval y fábrica de retenes que llamaron Rodiño Hermanos.

El servicio a la colectividad

En la década del sesenta apuntaló la idea de su hermano Ángel para fundar el Hogar Español de ancianos, hoy Española Hogar, confesando Rodiño que “quizás la única acción colectiva donde las voluntades se unieron dejando a un lado las diferencias políticas del momento, ya que desde el tiempo de la guerra civil la sociedad española estaba dividida”, sufriendo no solamente los paisanos esa desunión, sino también las instituciones como el Club Español, Centro Gallego o Casa de Galicia.

Afirmó a Losa en aquella semblanza suya que “en esas circunstancias me fueron a buscar para integrar la Junta Directiva del Centro Gallego y de pronto, sobre los últimos años de la década de 1960, me encontré ejerciendo la presidencia de tan prestigiosa institución”.

Aseguró que “contemplar a nacionales y republicanos. Atemperar los ánimos. Y sobre todo revivir la actividad cultural, pues estaba también la contradicción de la sociedad uruguaya que consideraba malo cualquier cosa que viniera del oficialismo español. En un país altamente democrático como Uruguay, en cierto modo es comprensible esa actitud”.

Manuel Rodiño
Rodiño recibió de regalo un cuadro del Prado Español de Montevideo.

Así fue como logró llevar al hall de la Universidad de la República de Uruguay la primera exposición del Libro Gallego, junto a su compañero de directiva Juan María del Rey que presidía la Comisión de Cultura del Centro, consiguieron que Manuel Fraga Iribarne enviara cien libros relacionados con Galicia, más algunos otros que entregaron los directivos del Patronato da Cultura Galega, además de realizar conferencias sobre Galicia. Donando los libros al culminar la semana a la Biblioteca Nacional.

Este ejemplo muestra cómo actúo para unir a esa colectividad, para luego seguir como presidente de la mutua Casa de Galicia culminando allí la obra del hospital, y del Club Español de Montevideo, donde tuvo que quitar un escudo de la época de la dictadura esculpido en el balcón. Sin hacer ningún aspaviento y con la mayor humildad de servicio, la medida fue comprendida por todos los socios e integrantes de la colectividad y ese símbolo desapareció hecho añicos.

La fiesta centenaria

Mucho más se podría escribir sobre la vida de Manuel Rodiño, pero nada mejor que recordar a la familia que junto a su esposa Norma Genovese Horta, que conociera en los bailes del Centro Gallego en la década del cuarenta, formaron juntos: sus hijos Marina y Juan Manuel, sus nietos Magdalena, Federico, Florencia y Santiago, más sus bisnietos Ema, Santino y Francesca.

Manuel Rodiño
Manuel Rodiño, Manuel Barros y Elvira Domínguez.

El pasado 31 de marzo al mediodía, el salón del Mesón del Club Español se llenó de familiares y amigos, participando la actual delegada de la Xunta de Galicia, Elvira Domínguez, y quien fuera delegado años atrás, Manuel Barros, así como varios dirigentes de la colectividad, destacando las autoridades del Club Español que organizaron el evento, quienes entregaron un cuadro que dejará en el recuerdo de los Rodiño Buceta aquel Prado de Montevideo que recorrían Manuel y Norma a mediados del siglo pasado.

Hace un lustro atrás, cuando le explicaba a Manuel Losa que agradecía “al Supremo por todo lo que nos dio y poder disfrutar con salud junto a Norma, de esta gran familia”, también confesaba que “en compensación, todo lo que trabajé por la emigración gallega y española en Uruguay y el buen nombre de Galicia y España, es comparable apenas con un granito de arena”.

Esta humildad, una constante en su vida de servicio para la colectividad española en Uruguay, es la mejor forma de fotografiar a este centenario emigrante pontevedrés que aún sigue siendo un ejemplo de integridad sembrada en dos siglos.

Archivado en

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.