Durante el encuentro que mantuvo el conselleiro de Emprego, Comercio e Emigración, José González, en la plaza de la Quintana, bajo el fuerte sol que reinaba en el cielo compostelano el pasado 15 de octubre, los participantes en Reencontros con Galicia expresaron de forma espontánea su agradecimiento a la Xunta y lo bien que lo habían pasado estos días en su tierra de origen. Tanto es así que en varios momentos gritaron que querían permanecer más días en Galicia, que el programa Reencontros se alargase más y que pudiesen repetir la experiencia lo más pronto posible.
José González que, tras la foto de grupo se levantó en medio de ellos para dirigirles unas palabras, afirmó que “este programa es el más emocionante de los que desarrollamos” y explicó que “todavía son muchos los gallegos de origen que desean volver a su tierra, así que, con el máximo respeto a ustedes, debemos dejar que otros emigrantes también se beneficien de esta iniciativa”.
Finalmente destacó que “aunque nos parece bien que nos den las gracias, los que estamos realmente agradecidos y honrados de que vengan a Galicia somos nosotros”.
Cada uno de los cerca de 200 participantes en Reencontros con Galicia tiene una historia que contar, en casi todos los casos llena de dolor por la partida, de emoción por el regreso y de una larga vida vivida fuera de la tierra madre en países lejanos a donde llegaron con la idea de mejorar su situación en unos tiempos en los que en Galicia no ofrecía las suficientes oportunidades.

Pilar Martínez, que nació en la localidad pontevedresa de Arcade hace 75 años, se marchó a Venezuela con sus padres en 1953 y llevaba desde entonces sin regresar a su tierra. Con una emoción contenida y hablando lentamente expresó que “ha sido todo súper emocionante”. Ya no le queda familia en Galicia, pero regresar a su tierra “ha sido como reencontrase con una abuela”.
Lo que más le ha gustado en estos diez días de estancia ha sido “la calidez de la gente, su hospitalidad y la tranquilidad de las ciudades que hemos visitados, como Pontevedra, A Guarda, Vigo, Santiago, todas ellas una belleza”. A Pilar le encantaría “volver y, a lo mejor, quedarme aquí hasta el final”.
Viniendo de Venezuela, quiso dar un consejo a los españoles: “Y un consejo para ustedes. Véanse en el espejo de Venezuela. No dejen que les quiten el país, que se lo roben, que se lo destruyan como nos han destruido a nosotros. Están a tiempo”.
Con la característica sorna gallega, su amiga María Vázquez le respondió entre risas, “no digas eso que no te van a dejar entrar de vuelta”.
María nació en la localidad lucense de Chantada. Su padre emigró a Venezuela en 1955 estuvo en el país cinco años y regresó a Galicia “porque quedamos muy chiquitos con mamá”. Tales eran las maravillas que contaba su padre sobre Venezuela que María decidió marcharse allá con 16 años y al año siguiente de llegar se casó con otro gallego, natural de Quiroga. Es decir, que a 7.000 kilómetros de distancia de su Chantada natal se casó con un joven que había nacido a solo 22 kilómetros de su casa.
Una vez que se estableció en Venezuela, María se llevó a sus padres para allá, también a sus hermanos y lleva ya 65 años viviendo en el país. Luego, sus padres regresaron a Galicia donde murieron.
“Hacía 20 años que no regresaba a dar una vuelta y bien ahorita con Reencontros con Galicia que nos dieron esta oportunidad de venir a ver nuestro terruño que añoro mucho y deseo volver a él. Mi deseo sería pasar los últimos años de mi vida aquí en mi país”, afirma.
De estos días destacó la amabilidad la gente e insistió en que “me gustaría venirme con mi hija y con mis dos nietos para acá. Ojalá se me conceda ese deseo”.

Amalia nació en Rairiz de Veiga, Ourense, y ha viajado acompañada por su nieto Jonatan puesto que el programa Reencontros con Galicia permite a los beneficiarios viajar con un acompañante si es necesario. Vive en Rosario y llevaba desde 2003 sin venir a su tierra. “Todo muy bien, muy hermoso, no tengo queja de nada, ni del viaje, ni de la residencia, ni nada. Todo buenísimo”, afirma.
Jonatan explica que “la experiencia ha sido increíble. Conocer la casa donde nació de la que tantas veces me ha hablado, estar en ese lugar. Ha sido muy emocionante”. Es la primera vez que Jonatan viaja a Europa con lo que cual las vivencias de ambos se han complementado. Destaca la emoción que ha vivido su abuela y la hace extensiva a todo el grupo de participantes. “La emoción de ella y de todo el grupo que es como que se contagia. Hay como un ambiente que, lamentablemente, no puedo describir lo que se siente, pero es algo muy especial”.
Francisco Rodríguez Paz, Paco, llegó desde Cuba con sus 83 años que parecen muchos menos. Originario de la localidad lucense de Meira se marchó a Cuba exactamente, se acuerda bien, el 23 de marzo de 1960. Ya había vuelto a Galicia tres o cuatro veces ya que aquí residen sus nietos y destaca que “la Galicia de hoy sigue subiendo”.

Paco alarga su estancia hasta el próximo 30 de octubre ya que el programa Reencontros con Galicia les permite a los participantes quedarse unos días más si cuentan con alguien con quien hacerlo. “Mañana voy para Meira, dice, y luego bajaré a Madrid con los nietos. Vinieron otras dos hijas que estaban en Estados Unidos”, explica.
Carmen, que vive en la capital uruguaya, nació en Ponteceso y dice que “aunque estas son mis raíces, mi tierra ahora es Montevideo”. “Estamos contentos con esta experiencia, añade. He venido otras veces a Galicia y este es un regalo que nos hicieron. Es la primera vez que viajo por la Xunta y ha estado todo muy bueno”.
Emigró a Uruguay en 1961 donde trabajó de comerciante y explica que, aunque Uruguay “es chiquitito” hay una gran presencia de centros gallegos y que ha participado en muchas de las actividades que organizan. “Gracias a todos los que nos dieron la oportunidad de venir”, afirmó.

Junto a ella está Manuela, también residente en Montevideo donde trabajo como maestra de primaria en una escuela. Lleva desde 1958 en Uruguay y es la primera vez que visita Santiago de Compostela. Nació en una parroquia del concello ourensano de Celanova, donde, dice, “ya no vive nadie”. La experiencia, destaca, “ha sido muy emocionante para mí, tremendamente emocionante” aunque señala que le hubiese gustado ver algo más que iglesias y monasterios.
Manuel Pena nació en Verducido, cerca de Pontevedra. Partió de allí junto a sus padres en 1950, cuando contaba con solo seis años. La familia se estableció en Salvador de Bahía, una ciudad brasileña con una gran presencia de emigrantes gallegos. Aunque también ha estado en Galicia en otras ocasiones, destacó que “ha sido muy emocionante, volver aquí siempre emociona, de nuestra tierra no nos olvidamos nunca”.
En Brasil trabajo como instructor de kárate toda su vida laboral. Ahora ya retirado, junto a su hija, ha viajado a Galicia a través del programa Reencontros, una iniciativa “que no la conocía y que es un muy buen programa y la integración de todo el grupo ha sido muy buena”.





