El programa Conecta con Galicia no Camiño, impulsado por la Secretaría Xeral da Emigración, concluyó el pasado 30 de julio con la llegada de los participantes a la plaza del Obradoiro. Tras completar el Camino de Santiago, varios jóvenes descendientes de emigrantes gallegos procedentes de Argentina, Brasil y Venezuela coincidieron en destacar que la experiencia ha supuesto mucho más que un recorrido físico: un reencuentro con sus raíces y una oportunidad para estrechar vínculos con otros miembros de la Galicia exterior.

Bernardo García, llegado desde Salvador de Bahía (Brasil), definió la iniciativa como “una experiencia increíble” y aseguró que lo más valioso fue la convivencia con jóvenes de distintos países. “Todos se unieron para finalizar el Camino y se crearon amistades y conexiones con personas de muchos lugares”, explicó. También describió la peregrinación como un recorrido exigente, pero profundamente reflexivo, en el que el esfuerzo quedó recompensado con la satisfacción de alcanzar la meta.
Desde Buenos Aires, Federico Patiño vivió la llegada a Santiago con especial emoción al recordar a su abuelo, Rafael Patiño, expresidente del Centro Galicia de Buenos Aires. El joven dedicó el Camino a su memoria y agradeció a la Xunta la oportunidad de participar en un programa que, a su juicio, permite “reconectar con las raíces”. También puso en valor la unión del grupo y la ayuda mutua durante las etapas, además de defender el papel de los centros gallegos para atraer a las nuevas generaciones y mantener viva la identidad gallega en el exterior.

Un mensaje similar trasladó Manuel García, de Caracas, quien aseguró que la experiencia “cambia la vida”. Para él, el mayor aprendizaje fue el intercambio cultural y las amistades surgidas durante el recorrido. “El Camino no es la tierra ni la piedra que se pisa, sino la gente que vas conociendo”, afirmó, convencido de que el origen común de todos los participantes fortaleció el sentimiento de pertenencia.
También desde Caracas, Paola Colmenares calificó de “inexplicable” la experiencia de recorrer el Camino junto a jóvenes de otros países y destacó tanto la belleza del paisaje como el componente emocional de una peregrinación que llevaba tiempo soñando realizar. Descendiente de una familia con raíces en Vigo y vinculada a la Hermandad Gallega de Venezuela, explicó que el viaje adquirió un significado aún más profundo tras los terremotos que sacudieron su país. Antes de desplazarse a Galicia participó durante días en tareas de ayuda a los damnificados, colaborando con amigas en la preparación y distribución de alimentos para los afectados.
Precisamente, la tragedia vivida en Venezuela marcó también el testimonio de Manuel García, quien reconoció que dudó si emprender el viaje por el sentimiento de culpa que le producía abandonar temporalmente su país en un momento tan difícil. Sin embargo, explicó que durante el Camino tuvo presentes a las víctimas y expresó su confianza en la capacidad de recuperación del pueblo venezolano. “Los terremotos tumban edificios, pero no tumban al venezolano”, concluyó.





