Con la Ley en la mano

RECEE, por favor

Por Ricardo Martínez Barros

Ricardo Martínez Barros
Ricardo Martínez Barros.

Poco antes de morir, el gran César Augusto viajaba desde Capri a Roma y al llegar al pueblo de Herculano ordenó parar la comitiva: Soldados, ¿creéis que he jugado bien mi papel? Hubo un silencio, y prosiguió: Pues ahora aplaudid, porque la comedia ha terminado.

Merodeaba yo el pasado sábado por una de esas fruterías a las que me acerco para hacer la compra y me asusté al ver el precio de los kiwis que mi internista viene aconsejándome por ser antioxidantes, conciliadores del sueño, controladores de la glucosa de la sangre, adelgazantes y repletos de casi todas las vitaminas que caben en el diccionario (la A, la B, la C…). Además, es fruta originaria de China (aunque domesticada por los neozelandeses) lo cual, creo yo, debiera añadir mayor seguridad sanitaria a nuestras débiles defensas democráticas.

Acepté pagar el precio que me fijó la Inteligencia Artificial (IA) que me esperaba a la salida del establecimiento y calculé que, con los beneficios que me ofrecían los kiwis adquiridos, me ahorraba la cuota del gimnasio, el lexatin para dormir, los masajes para adelgazar y que contribuía a la sostenibilidad ambiental y alargaba mi existencia en este mundo, necesaria para asistir al alumbramiento del Reglamento de desarrollo de la Ley del Estatuto de la Ciudadanía Española en el Exterior (acrónimo RECEE), que está en fase de aprobación

El RECEE se compone de 174 artículos, una disposición adicional, cinco disposiciones transitorias y una disposición derogatoria. He leído el texto del Proyecto que, una vez más, considero que adolece de los vicios que arrastran aquellos textos legislativos o reglamentarios que se hacen a espaldas de los verdaderamente destinatarios de la norma. Es de agradecer la iniciativa que intenta agrupar en un solo texto las incontables normas que se han ido desparramando con la dispersa diarrea de decretos, órdenes, circulares… Loable intención, pero criticable calidad “legislativa” y ausencia de una técnica y proceso legislativo que sea más sensible a la necesidad del colectivo y no a los intereses partidistas. ¿De qué sirve legislar si la realidad nos alerta que de los 476.514 gallegos con derecho a voto sólo han logrado ejercerlo el 6%? ¿Acaso los que no votan, porque no pueden o no quieren, han de ser excluidos en el análisis y soluciones para sus necesidades? Las leyes, los reglamentos, las órdenes…hace ya muchas primaveras que no son elaboradas por el legislador (poder independiente), sino por el político partidista que, como un hooligan o hincha, sólo obedece las directrices del líder, porque las ideologías y principios de los partidos políticos hace ya mucho tiempo que se han diluido. Y ante eso solo nos queda esperar, porque por mucho que RECEEMOS y Vd. yo pensemos que el RECEE va a ser nuestra salvación, olvídese. Nos provocan ilusiones vanas porque, salvo milagros, nada va a cambiar excepto que seguiremos contando estadísticas y creando “covids” universales que seguirán dando pingües beneficios a los hijos de Confucio. RECEE, por favor. Poco antes de morir, el gran César Augusto viajaba desde Capri a Roma y al llegar al pueblo de Herculano ordenó parar la comitiva: Soldados, ¿creéis que he jugado bien mi papel? Hubo un silencio, y prosiguió: Pues ahora aplaudid, porque la comedia ha terminado.

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