La Federación de Instituciones Españolas del Uruguay entrega el Premio Colón 2024 al diplomático gallego Roberto Varela

El exembajador de España en Uruguay recordó emocionado sus cinco años en el país, la tristeza y esperanza de los emigrantes y señaló que las oficinas diplomáticas deben ser un socio que que acompañe a las entidades de la diáspora

Santiago Jiménez, Roberto Varela, con el Premio Colón, y Jorge Torres.

El pontevedrés Roberto Varela Fariña recibió el Premio Colón 2024 en la Embajada de España de Montevideo rodeado por directivos de la colectividad agrupados en la Federación de Instituciones Españolas del Uruguay (FIEU).

El embajador de España en Uruguay, Santiago Jiménez, abrió las puertas de la Embajada el pasado 19 de noviembre para recibir a medio centenar de amigos que iban a cumplir con la entrega del Premio Colón 2024 de la FIEU cuyos miembros, tras una votación, eligieron por amplia mayoría al exembajador Roberto Varela para ser el escogido, según explicó el presidente de la Federación, Jorge Torres. Además de los directivos de la FIEU e instituciones afiliadas, también estaba el personal de la Embajada, la cónsul general María Victoria Scola y la delegada de la Xunta de Galicia, Elvira Domínguez.

Jiménez abrió el acto confesando que cuando supo quien era el premiado “me alegré, por el reconocimiento profesional que supone para uno de los embajadores que de verdad ha dejado huellas en este país. Y lo digo con conocimiento de causa porque todavía hay muchísimas personas que cada vez que voy a un sitio me preguntan por ti”, reconociendo el cariño que ha sembrado en sus cinco años de actividad en Uruguay.

Roberto Varela
El premiado con los asistentes al acto.

Por otra parte, el embajador subrayó también de que se trata de un reconocimiento a una larga trayectoria que “desde los diferentes puestos que has ocupado, todos de mucha responsabilidad, nos has demostrado a todos que se puede servir a nuestro país, que se puede querer a nuestro país, y se puede, además, hacerlo con una enorme simpatía y un enorme cariño”.

Mientras tanto el presidente de la FIEU explicó cómo se llegó a la elección de Varela Fariña como Premio Colón 2024, el que se viene entregando desde el año 2000. Fue justamente con la jefatura de Varela al frente de la Embajada en Montevideo, que le propusieron hacer la entrega del Premio Colón en la Fiesta Nacional de España, a lo que accedió y desde aquel momento se hace así, salvo en esta oportunidad.

Un destino diplomático que templó su alma

Luego de recibir el premio en manos de su colega Jiménez y el presidente de la FIEU, Roberto Varela leyó un discurso que “había escrito para la ocasión porque suponía que me iba a emocionar”.

Tras realizar los agradecimientos correspondientes, comenzó a hablar su corazón pontevedrés con un recuerdo de cuando era niño visitaba a su abuela “en años de pobreza, de dictadura, y muchos de sus hijos, digo muchos porque mi abuela tenía 14, se vieron obligados a emigrar como muchos otros gallegos y españoles en general, y lo hacían mayormente aquí a América”.

En una de sus últimas visitas a su abuela, le mostró lo que acababa de aprender “del maestro, cuyo único mérito era que hablaba castellano, eso lo hacía maestro, y me atreví a decirle a mi abuela: “Avoa os tíos que viven en América (sus hijos emigrados a Uruguay y Argentina) camiñan cos pes para arriba porque a terra é redonda”.

Roberto Varela
Intervención del galardonado.

Reconoció que “mi abuela con sus ojos cansados pero llenos de sabiduría, pero con un poco de tristeza mi abuela me espetó: Robertiño, non creas esas parvadas”.

Varela reflexionó que “fue en ese momento cuando vi el anhelo en su cara, cuando me di cuenta de toda la tristeza, el desgarro y el enorme desasosiego que suponía la separación familiar. Cuando la ausencia y la lejanía de los seres queridos se hacía pesada y dolorosa”.

Así fue delineando cómo se acostumbraban a esa emigración inevitable que retrató “algunas despedidas dramáticas en el puerto de Vigo que para muchos gallegos era la orilla de todos los océanos y cuyas imágenes forman parte ya del subconsciente colectivo: la ruptura con el pasado y el inicio de una nueva vida en un nuevo destino”.

Cuando fue designado a Montevideo y observó el viejo edificio de Aduana del Puerto, “se me vinieron a la memoria todos esos recuerdos, infantiles incluso, y por un momento me pareció ver el reflejo del Mar del Plata los barcos que traían atestados de gente llena de tristeza, pero al mismo tiempo imbuidos de ilusión y de esperanza”.

Continuó hablando “con este sentimentalismo y con esta melancolía, tan propia de los gallegos, pero no con poca emoción porque para mí haber sido embajador de España en Uruguay ha sido mucho más que un escalón en mi carrera o un capítulo de mi currículo. Haber tenido la oportunidad de vivir en esta casa, en este país, fue como una suerte de regreso a un mundo que yo ya había soñado muchos años antes”.

Precisó que “efectivamente fue como un abrir y cerrar de ojos que pasé en este país cinco años maravillosos, sintiéndome tan lejos, pero al mismo tiempo tan cerca de mi propia casa, porque eso es precisamente lo que te hace sentir este país, Uruguay, tan lejos y al mismo tiempo tan cerca: un regreso a tu origen”.

Roberto Varela
Roberto Varela con la directiva de la FIEU.

También se refirió a algo que se llevó con él como son sus visitas “al hogar de ancianos, las fiestas, las romerías, visitas a los centros, y sus permanentes visitas a la Embajada, que siempre tienen las puertas abiertas para todos ellos, y siempre me he sentido querido por todos ellos, por los centros regionales y por las asociaciones”.

Dejó un mensaje respecto del papel que “las embajadas deberán ejercer en el futuro, incierto a veces, de las asociaciones y las colectividades de emigrantes españoles en el extranjero” asegurando que “las embajadas deben ser, por supuesto también los consulados, el lugar de ese entrelazado espacial y temporal donde los emigrados se estrechan, aquel lugar donde el pasado se da la mano con el presente y con la mirada puesta en el futuro, y también deben ser un socio que debe acompañar a las instituciones de la colectividad en el inevitable e inexorable proceso de redistribución de su papel en el futuro en la intervención de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos”.

Finalmente dijo que “habrá los que deseen quedarse, los que deseen retornar, habrá los que duden entre lo uno y lo otro, pero lo mejor es que la Embajada siempre sea un lugar de encuentro y de referencia, independientemente de la decisión que se haya tomado”.

También afirmó acerca del patrimonio de los emigrantes españoles en el Uruguay, el cual “debemos proteger, conservar y preservar, el patrimonio material e inmaterial que nos identifica”. Sentenciando una dedicatoria por el premio recibido a “todos los gallegos y todas las gallegas que viven en Uruguay, a todos los españoles y españolas que viven en Uruguay, a mis amigos uruguayos, a los que les digo que si algún día pasean por la rambla (costanera del Río de la Plata) y si oyen un corazón latiendo del otro lado es el mío. Como dije, la vida es un viaje de ida y de vuelta”.

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