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Fernando Josa: “Lo normal es que el científico retornado pierda capacidad económica y categoría profesional”

El presidente de la Asociación de Científicos Retornados a España (CRE) llama a superar la endogamia y el modelo funcionarial en la ciencia

Fernando Josa durante su participación en una jornada en la Fundación Ramón Areces.

Fernando Josa Prado es el presidente de la Asociación de Científicos Retornados a España (CRE) desde su fundación, en 2014. La agrupación tiene cerca de un centenar de asociados. Josa hizo un doctorado en Biología Molecular y Celular en la Universidad de Bristol, en el Reino Unido, de donde regresó a finales de 2013. En la actualidad es profesor asociado en la Universidad Alfonso X el Sabio de Madrid e investigador postdoctoral en el Instituto Cajal del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

¿Cuáles son los objetivos de CRE?

Primero, crear y sostener esta red. Segundo, proporcionar una formación continua que contribuya a dar a los investigadores salidas en cualquier otro ámbito laboral, porque más del 95% de la gente que hace el doctorado no termina en el ámbito científico. Tercero, asesorar a las instituciones y a otras asociaciones en cuestiones de movilidad y retorno, y sobre las cosas que hemos aprendido en el extranjero. Y cuarto, contribuir al cambio cultural que necesitan la ciencia y la tecnología en España.

¿Cuántos científicos retornados puede haber hoy en España?

Es muy díficil de hacer una estimación. Sí sabemos que en 2017 España tenía un balance negativo de 1,5% de investigadores que se iban al extranjero y que la gran mayoría de los científicos que están en activo en nuestro país ha pasado un periodo en el exterior.

¿Están volviendo a España muchos investigadores aceptando peores condiciones laborales y profesionales que las que tenían en el extranjero?

Sí, eso es una constante. Los que vuelven y continúan en ciencia suelen perder capacidad económica, pero también categoría profesional. Y es que a la hora de retornar no solo cuenta el aspecto profesional, sino también el personal, el deseo de recuperar un entorno familiar y social.

Resulta llamativo que el informe IRICIE diga que menos del 10% de los investigadores retornados con contrato a jornada completa sienten que tienen estabilidad laboral.

Eso es porque la estabilidad en España está asociada al modelo funcionarial: los contratos indefinidos en ciencia no suelen ser muy habituales. La gente que viene es en su mayoría postdoctoral, y los periodos postdoctorales están asociados a ayudas, que duran dos, tres, cuatro años, y al terminar esa ayuda hay que buscar otra para seguir trabajando.

El informe afirma también que casi el 7% de los encuestados tenía pensado volver al extranjero cuando finalizase su contrato.

Es más, un tercio no tiene claro si va a seguir con la ciencia. No es solo que se pierda talento porque se vuelvan a investigar al exterior, sino porque abandonan la ciencia. El paradigma que estamos viendo ahora ya no es el de la persona que va y vuelve. Hay una movilidad multietapa: científicos que se han ido y han vuelto varias veces o que han estado en varios países antes de volver.

El 15% regresa sin empleo e incluso sin haber cotizado en España lo suficiente como para optar a una ayuda.

Puede que vuelvan por algún problema personal, pero también porque se les ha terminado el contrato que tenían en el extranjero y en España está su casa, su familia, un entorno que los acoge antes de volver a poner en marcha la maquinaria de búsqueda de empleo. Lo que sí es cierto es que hay un gran desconocimiento de los protocolos para el retorno desde el punto de vista de las ayudas.

Y un porcentaje significativo ha cambiado de carrera profesional.

Todos hemos crecido con la idea de que íbamos a llegar a ser catedráticos y eso ha generado mucha frustración, pero hay que cambiarla por un sentimiento de que se puede servir a la sociedad y tener una vida profesional plena más allá de la investigación.

A la hora de captar el talento que está en el extranjero, ¿hay comunidades autónomas que lo estén haciendo mejor que otras?

Talento es una palabra que no me acaba de convencer, porque de tanto usarla se ha gastado el significado, pero es verdad que hay comunidades que lo han hecho históricamente mejor que otras, como el País Vasco, Cataluña o Madrid, que se ha puesto al día con su plan de atracción del talento.

En el IRICIE se menciona la endogamia como una barrera para retorno de los investigadores. ¿Por qué es mala?

Está asociada a una menor producción científica. No hace que se escoja a gente mala para el puesto, pero impide que se escoja a la mejor. Si ya de por sí es un mecanismo perverso, cuando la juntamos con el modelo funcionarial de la mayor parte de la investigación pública, se forma un cóctel venenoso y genera un sistema vicioso que no permite la renovación con los mejores. Pero es un tema muy complicado y sensible, porque existe el factor humano. Nosotros hemos propuesto algunos métodos que lo mejorarían, como limitar por normativa el número de plazas de una universidad correspondientes a personas que han hecho el doctorado en esa institución, exigiendo, por ejemplo, que el 75% sea gente que venga de fuera de la institución. Como alternativa al modelo funcionarial proponen otro de contratación indefinida sujeta a evaluación. Es muy parecido a lo que se da en otras partes de Europa. No da menos estabilidad e impide que el puesto de trabajo quede bloqueado hasta la jubilación de su ocupante en caso de que éste deje de cumplir con los objetivos de su empleo. El IRICIE denuncia también que las plazas vacantes no llegan al conocimiento de los investigadores en el extranjeros y los plazos de presentación son muy breves. Es parte de la estrategia de la endogamia, aunque está ya está empezando a cambiar y algunas universidades están intentando abrir sus oposiciones. Una de las cosas que falta –y es un proyecto que nosotros hemos buscado implementar desde 2015– es una base de datos común de las ofertas de empleo para nuestro sector en España, tanto en el sector público como en el privado.

El IRICIE destaca además que el actual sistema de homologación de títulos dificulta enormemente la solicitud de plazas.

Estamos anclados por un real decreto que hace que las personas con un título en el extranjero tengan que homologarlo en España. Actualmente, la competencia es de cada universidad. El proceso es largo y dificultoso para las personas que están fuera. Mientras no cambie el real decreto y la homologación sea necesaria, las universidades podrían generar unos protocolos de homologación más sencillos, baratos y rápidos. Sería muy bueno crear a medio plazo un listado de entidades europeas que hayan pasado una serie de filtros para que sus doctorados sean automáticamente homologables.

¿Qué le parece la segregación de Universidades del Ministerio de Ciencia?

Personalmente, me parece un desatino. Hay que ver cómo evolucionan las cosas, pero creo que va a ser un error, porque imagino que los presupuestos tendrán que desgajarse y habrá una duplicidad de procesos burocráticos. No hay que olvidar que la mayor parte de la investigación científica en España se hace en las universidades.

¿Cuál ha sido su experiencia personal como investigador en el extranjero?

Estudié Biología y empecé un programa de doctorado en España, pero los laboratorios en los que estaba no pudieron seguir ayudándome por la crisis de 2008. Tuve la suerte de recibir una ayuda Marie Curie de la UE para irme a Inglaterra. Cuando se me acabó el contrato, volví a España a escribir la tesis. Luego pasé unos meses en Italia, porque la que es hoy mi mujer era italiana. En 2014 tuve la oportunidad de empezar a dar clases como profesor asociado en la Universidad Alfonso X El Sabio de Madrid, pero me faltaba la parte investigadora. Por ello me involucré como investigador postdoctoral primero colaborador y luego contratado en dos laboratorios del CSIC. Y el futuro, ya veremos. Sigo agarrado a la ciencia mientras pueda, pero no descarto que tenga que volver a marcharme o cambiar de trayectoria profesional.

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