Españoles varados en Uruguay vivieron con angustia el proceso de repatriación mientras todavía hay un centenar que no saben cómo regresar

Mantienen las concentraciones ante la Embajada y han enviado cartas al Defensor del Pueblo pidiendo ayuda para volver a su hogar

Patricia Pintos con sus hijos, esposo y sus padres que retornaron el 1 de junio.

Luego del último vuelo de repatriación desde Montevideo del pasado 1 de junio, en el que viajaron a Madrid 288 españoles y residentes en España, más de cien han quedado varados aún en todo el territorio uruguayo, aumentando su estrés y angustia al no brindarle una solución las autoridades españolas ni las compañías aéreas a las que pagaron el pasaje de vuelta desde Uruguay.

Distintas situaciones están viviendo quienes no pudieron regresar a España en el vuelo organizado por los gobierno uruguayos y españoles el pasado 1 de junio. El Consulado tuvo que realizar un proceso de evaluación de los casi cuatrocientos españoles y residentes en España que solicitaron viajar en dicho vuelo, y hoy se conocen los resultados de esta selección y las vicisitudes que tuvieron que vivir muchos de los que viajaron y las que aún viven hoy los que no han tenido esa suerte.

Argentina consiguió volver a Pontevedra

Juan Carlos Abella explicó a España Exterior que su tía “llegó en enero aquí a Uruguay proveniente de Pontevedra y tenía fecha para irse el 15 de marzo, pero suspendieron su vuelo y no se pudo ir”. Su tía se llama Argentina Piñeyro, producto de que su abuelo en la década del veinte había emigrado a Argentina a trabajar y luego volvió a Galicia. Aquí en Uruguay, Argentina tiene dos hermanas y un hermano, todos emigrantes del siglo pasado, y viajó al país para verlos a ellos, tal y como comentaba su sobrino.

Luego de la cancelación de su vuelo, Argentina se encontraba mal de salud por la falta de sus medicamentos, ya que solo venía provista para los dos meses que estaría en el país. Juan Carlos explicó que “la (mutua) Española no le quiso dar los medicamentos, no respetó el convenio (existente con la Xunta de Galicia)”, explicando que su tía “perdió una vista, tiene problemas de coagulación y vino justamente a ver a su hermana mayor que tiene problemas de movilidad”.

Afirmó también que “los que se portaron muy bien fueron los de Casa de Galicia, que le entregaron los medicamentos y le realizaron los análisis correspondientes”.

El sobrino relató que la había anotado en la lista de espera de la Embajada española en Argentina y también en Uruguay, pero nunca le contestaron nada. Añadió que “también mandé una carta al ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay, y la que me contestó fue la secretaria del ministro Ernesto Talvi, la que se ocupó personalmente del tema”.

Así fue como el martes 26 de mayo le avisan de la cancillería uruguaya que estaba anotada en el vuelo chárter del 1 de junio, y logró finalmente dos días después conseguir el pasaje para su tía pagando 400 dólares porque no aceptó la compañía el pasaje de vuelta que por esa empresa ya tenía pago para volver en marzo.

Una odisea para llegar a Galicia

Jesús Pinto Casas y Marlene Ramos son dos emigrantes españoles que volvieron a Galicia durante la crisis económica de Uruguay en 2001, pero en febrero de este año vinieron de visita a ver a su familia, hijos y nietos, y tendrían vuelo de regreso para el 16 de marzo, pero como consecuencia de la alerta por la pandemia en Uruguay se cerraron las fronteras y tuvieron que quedarse aquí.

Su hija Patricia Pinto explicó a España Exterior que en esos días “mi papá tuvo la mala suerte de agarrarse el Covid-19, y terminó internado en La Española en estado muy delicado, pero gracias a Dios logro salir adelante”.

A su madre y demás integrantes de su familia con los que ellos estaban alojados, les dieron negativos el test del coronavirus, pero a su padre, que tras su estancia en el hospital regreso para continuar su recuperación en el domicilio, todavía dio positivo en otros dos test que le hicieron y tuvo que esperar hasta que el tercer test que le hicieron le dio negativo.

Patricia explicó que “después de que le dieron el alta definitiva, empezó la odisea por volver a su país, ya que tienen en España alquiler y otras cuentas por pagar, sus controles médicos, etc.”, agregando además que “aquí ya no contaban ni con dinero casi y el seguro médico que habían contratado ya había caducado”.

Puntualizó que “por suerte y con la ayuda de Miguel Pérez (miembro del Consejo de Residentes Españoles), la internación de mi papá y el poder conseguir la medicación para ambos, fue resuelto por la Delegación de la Xunta de Galicia en Montevideo, ya que mis padres residen en Vigo”.

Patricia confesó que durante sus gestiones nunca recibió contestación del Consulado de España en Uruguay. “No atendían ni los teléfonos y a su vez presencialmente exhortaban a que no se concurra”, afirmó.

Comentó que “mi papá fue dos veces y en ambas oportunidades lo atendía el portero diciéndole que no podía ni pasar ni lo podía ayudar. Que se contactara por otros medios, y en Iberia lo mismo o peor”.

A mediados de mayo logró anotar “a mis padres en una lista o página del Consulado de pasajeros interesados en el vuelo del 1 de junio, al cual llamaron de repatriados”. “Finalmente recibo la buena noticia de que los pasajeros que ya contaran con boletos pagos por Iberia, no tendrían que abonar nada, sin embargo, cuando me llaman del Consulado me dicen que no es así y que teníamos que confirmar con Iberia los pagos, porque de lo contrario no viajaban”, explica.

Patricia afirmó que en la compañía les obligaron a pagar poco más de 400 euros cada uno, “que tuve que sacar un préstamo porque no los teníamos. Y solo con pasaje hasta Madrid a pesar de tener ellos el vuelo pagado hasta Vigo”.

Sus padres lograron embarcarse finalmente en el avión del 1 de junio, ellos tuvieron que despedirlos afuera del aeropuerto de Carrasco en Montevideo, donde en su estacionamiento ahora se proyectan filmes ya que se ha montado una pantalla gigante donde el público desde los vehículos asiste, como forma de darle utilidad a la terminal aérea cerrada.

Sus padres compraron también los pasajes en tren hasta Vigo, pero también tuvieron la mala suerte de que su tren se viese afectado por el corte de la vía a causa del descarrilamiento de otro que viajaba en dirección Galicia-Madrid con el consiguiente retraso. Finalmente, llegaron a Vigo casi 30 horas después de salir de Montevideo.

Mayores deprimidos por sentir el desamparo de su país

Patricia reflexionó finalmente que “son personas mayores y enfermas, muy deprimidas por todo esto que vivieron y por sentir el desamparo absoluto de su país”, aclarando que “aquí el cónsul nada, salía el embajador a hablar a la calle con un grupo de españoles manifestantes y a tratar de buscar una solución. Sigue habiendo gente que no se ha podido ir y muchos quizás en la misma situación o peor que la de mis padres, porque ellos por lo menos tenían techo y comida en mi hogar, pero me consta que otros no tienen la misma suerte”.

Una de las portavoces de los españoles que continúan varados en Uruguay.

Los que luchan aún para volver

El grupo que se había formado para reclamar ante el Consulado y la Embajada un vuelo de repatriación quedó desmembrado porque sus portavoces volvieron a España con el vuelo del 1 de junio, pero continúan reclamando y realizando gestiones denunciando su situación tanto en la Embajada como en España.

Entre los españoles y residentes en España que suman más de un centenar que aún tienen necesidad de regresar a sus hogares, algunos porque tienen que trabajar allí y otros porque ya no pueden quedarse por acabar sus ahorros, seguros médicos o tan siquiera por no tener arraigo aquí, existe el mismo nerviosismo y ansiedad de aquel primer grupo que comenzó en mayo las movilizaciones ante la Embajada del barrio de Pocitos de Montevideo.

Luis González es un uruguayo casado con una nieta de emigrantes españoles que con sus tres hijas de entre 7 y 13 años emigraron a Baiona donde se afincaron el año pasado. Tras un largo proceso, Luis logró su residencia quince días antes de venir a Uruguay a mediados de febrero. Aquí trabajó en la zafra granelera, ya que es mecánico de maquinaria rural.

“Si me hubiera salido antes la radicación seguramente no hubiera venido a trabajar aquí, ya que en Galicia tenía trabajo, pero no podía hacerlo en forma legal hasta no tener la residencia” explicaba González quien ahora está buscando la forma de volver a Galicia a juntarse con su familia.

Lamentablemente no fue considerado por el Consulado español en el vuelo del 1 de junio, y tampoco tiene el dinero para el regreso a través de Sao Paulo vía Frankfurt, ya que sale más de 1.600 euros.

La situación de su familia en Galicia es crítica, ya que su esposa Vanesa dejó de trabajar para cuidar a sus hijas mientras Luis trabajaba en Uruguay, por lo que se quedó sin ningún subsidio y “si bien yo les envío dinero que gané aquí, la zafra no fue muy buena y ahora si no vuelvo rápidamente en España donde me está esperando un trabajo fijo en un taller, voy a gastar todo el dinero que hice aquí” afirma desconsolado.

Vanesa, su esposa explicó desde Baiona que tiene “la incertidumbre de no saber qué va a pasar, porque hace quince días terminó la zafra en Uruguay y no puede volver porque no hay vuelos”.

Afirmó que “las tres niñas preguntan por él, empiezan a llorar, si bien entienden todo lo que está pasando, pero emocionalmente saber que pueden pasar dos meses más sin ver a su padre les afecta”.

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