El Papa León XIV, que se decantó por España para su primer viaje internacional a un país de la Unión Europea, concluyó su estancia el pasado 12 de junio en Santa Cruz de Tenerife. Tras el acto de despedida en el aeropuerto, el Pontífice emprendió el regreso a Roma en un Falcon del Ejército del Aire, que le ofreció el Rey de España, debido a una avería que detectó el propio Felipe VI en un motor de un Airbus de Iberia en el que tenía previsto volver a la capital italiana.
En una primera valoración general, el Comité Nacional organizador del viaje considera que la estancia de una semana del Papa fue un “éxito apostólico y social” con millones de personas que se lanzaron a las calles y llenaron los actos. Estuvo marcado por hitos que carecen de precedente en la historia de las visitas papales a España. Por primera vez, un Pontífice intervino ante las Cortes Generales, celebró el Corpus Christi en el país, visitó un centro penitenciario español y se desplazó a las Islas Canarias.
Los Reyes de España, Felipe VI y Letizia, recibieron a León XIV el día 6 en el aeropuerto de Madrid y luego en el Palacio Real, acompañados por sus hijas Leonor, Princesa de Asturias, y la infanta Sofía, que también participaron en la multitudinaria misa de Cibeles. Los Reyes, además, se sumaron a la bendición de la Sagrada Familia en Barcelona.
Según los primeros cálculos del Comité Nacional, más de 2,5 millones de personas participaron en los 21 actos del programa a lo largo de las cuatro etapas del Viaje. En Madrid, el millón y medio de fieles en la celebración del Corpus en Cibeles, el más de medio millón de jóvenes de la Plaza de Lima y las más de 70.000 personas reunidas en el Estadio Santiago Bernabéu; en Barcelona, en torno a 40.000 personas en el Estadio Olímpico de Montjuic durante la vigilia de oración, en la víspera de la jornada que volcó la ciudad alrededor de la Sagrada Familia; en Gran Canaria, otras 40.000 aproximadamente en la misa del Estadio tras el encuentro con las realidades de acogida en el muelle de Arguineguín, y en Tenerife, más de 35.000 fieles convirtieron el puerto de Santa Cruz en el altar de la misa final de la gira, además de decenas de miles de personas en los itinerarios del papamóvil.
Durante estas jornadas, León XIV habló de fe y también de la soledad, la salud mental y la pobreza hasta la cárcel, la migración y la dignidad del trabajo. Bajo la invitación a alzar la mirada, como lema oficial del viaje, León XIV dejó en España el poso de unas palabras que interpelan a toda la sociedad, creyente o no, y que invitan a mirar más allá de los intereses particulares, hacia la convivencia, la acogida y la esperanza.
Como actos más simbólicos cabe citar el discurso en el Congreso de los Diputados, donde fue ovacionado durante más de siete minutos, en el que criticó el aborto y la eutanasia, pues “la defensa de la vida humana es una meta de civilización” y “toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural”. Además, el Papa se refirió a la crisis migratoria como un “trágico drama” que “exige una respuesta” e hizo un llamamiento al “bien común” como un “horizonte compartido” ante el riesgo de polarización, tan presente en la actualidad.
Y el otro acto culmen del viaje de León XIV fue la bendición e inauguración de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia de Barcelona, la más alta de una iglesia en el mundo, en el centenario de la muerte de su creador, el arquitecto Antonio Gaudí. Allí, el Papa hizo un llamamiento a la paz en el mundo y pidió a los catalanes que sean “constructores de unidad”.








