Este año cumplirá tres décadas el grupo de música tradicional gallega y fusión platense Os Trapalleiros de Montevideo y, a pesar de estar separados físicamente sus fundadores, cada vez que se encuentran a orillas del Río de la Plata, vuelve a sonar la banda de dos siglos que dejó una pegada emulada por músicos de la colectividad en Uruguay.
El pasado 1 de abril hizo 25 años que Javier García con su gaita, Gonzalo Rabuñal en pandereta, Fernando Vilariño en tambor y su hermana Ana en el bombo, viajaron desde Montevideo en la caja de un viejo camión durante cinco interminables horas rumbo al este del departamento de Durazno.
Los últimos cincuenta kilómetros fueron los peores, demoraron como dos horas en hacerlos debido a que era un camino de tosca y muy transitado en una mañana donde por primera vez se celebraba la Romería Internacional Capilla de Farruco.
Llegaron casi al mediodía, se perdieron la misa en gallego, el desfile de la Charanga de Artigas, los jinetes con su caballada de la zona y los cuerpos de baile del Valle Miñor, de Puerto del Son, y el grupo de danzas de la Sociedad Española de Paysandú junto al grupo folklórico Amanecer de Sarandí del Yí. Pero a ellos no les importaba cuándo llegar, sino más bien arribar y alegrar la fiesta con su música a la que acompañaban los emigrantes y descendientes que allí estaban.

Fernando confiesa que aquella experiencia “era como si un grupo de música tradicional gallega hiciera vida de murguistas, porque llegamos en un camión como lo hacían las murgas en aquella época por rutas complicadas, íbamos tocando por el camino a pesar de los saltos del camión, y cuando llegamos lo disfrutamos muchísimo tanto nosotros como los millares que cantaron y bailaron con nosotros”.
La banda de dos siglos
Pero la historia de este grupo comenzó a fines de 1996, según explicó Vilariño a España Exterior. “A fines de 1996 nos juntamos con Javier García porque veníamos de tocar música tradicional en Casa de Galicia y queríamos hacer algo distinto o más bien fusión con melodías que no conocíamos que eran nuevas como por ejemplo de Milladoiro que era el material que teníamos”.
En su primera presentación, “que ni nombre teníamos, tocaba Daniela Chiappe el bombo, Javier García la gaita, y yo el tambor, fuimos a un cumpleaños de un conocido y fue allí donde empezamos. Después fuimos a beneficios de un colegio en Manga y gustó tanto que nos llevaban a la kermese y otras fiestas”.
Recuerda que después “nos juntamos con Raúl Canedo y de trío pasamos a cuarteto, y con mi hermana tocando el bombo pasamos a tocar en el Centro Gallego”.
Aceptados en la música celta
Javier y Fernando rompían los esquemas y así como el primero un día desapareció en la tribuna del estadio de Racing de Montevideo, ubicado en las proximidades del hospital de Casa de Galicia en Sayago, tocando la gaita en la barra brava de ‘Los cerveceros’; también querían introducirse en algunos estilos reservados para exclusivos grupos musicales.
Tal fue el caso del Festival de Música Celta que se organizaba en el teatro Zitarrosa de Montevideo, para lo que debieron dar una prueba ante un jurado que al verlos tocar de inmediato los aceptaron.
Allí la colectividad gallega comenzó con Os Trapalleiros a ocupar escenarios reservados para la colectividad británica, por lo que también se fueron abriendo puertas de clubes nocturnos de la Ciudad Vieja donde mostraban la música gallega y la fusión que estaban haciendo con otros ritmos rioplatenses.
Fernando recordó que previo al Festival de Música Celta, viajó a Galicia entre el 2002 y 2004 a estudiar música, por lo que Os Trapalleiros se disolvieron. Pero al volver nuevamente comienza el camino de la banda integrándose una gaita más, la de Daniel Bonjour, y Daniel Piñeiro en el bombo, retomando el estilo descontracturado con participaciones en fiestas privadas y de la colectividad.
Luego del 2011 la actividad personal de cada uno no les dejaba tiempo para atender la banda que poco a poco iba tocando menos y ya en 2017 Fernando emigró a Galicia y ahí Os Trapalleiros no sonaron más hasta que en unas vacaciones en 2023 llegó su fundador a Montevideo y se juntó la banda a recordar los viejos tiempos.
Resurgen Os Trapalleiros como obligación
Y es que cada vez que Fernando Vilariño se aparece por Montevideo, “es una obligación reunirnos. Nos juntamos con Javier García, Daniel Bonjour y Andrea Russo”, los que se han convertido en una hermandad con un proyecto musical con identidad propia.
Justamente Andrea, que ahora está dando clases a los más pequeños en A Casa de Galicia, explica que “hacemos folk tradicional gallego, con una base instrumental compuesta por dos gaitas gallegas, tambor, bombo y pandereta. A partir de ahí vamos sumando y combinando distintos instrumentos como las terrañolas, las conchas, el birimbao, la flauta traversa y otros que enriquecen nuestro sonido”.
La banda, a pesar de encontrarse cada tanto para actuar como lo hicieron este febrero en teatros y locales montevideanos, trabaja “sobre bases tradicionales de la cultura gallega y también desarrollamos nuestros propios arreglos, incorporando elementos del tango, la cumbia, el rock y otros géneros, siempre manteniendo la esencia”.

El reencuentro de este año “tiene un valor especial porque, desde que uno de los integrantes se fue a vivir a España, ya no contamos con la continuidad de antes. Por eso, cada vez que vuelve, aprovechamos el momento para volver a tocar juntos”.
Andrea confiesa que “cada vez que lo hacemos, confirmamos que lo que construimos a lo largo de los años sigue intacto. Más allá de la distancia o del tiempo, la conexión aparece de inmediato. Eso demuestra que hay una base sólida, compromiso y una pasión compartida que sigue dando sentido a cada escenario que pisamos”.
El futuro de la música gallega en Uruguay
Si bien la geografía separó a Os Trapalleiros, Fernando asegura que “tenemos un grupo de WhatsApp y estamos en permanente contacto porque, además de compañeros de grupo, somos amigos, entonces todo continua”.
Consultado por España Exterior acerca de cómo ve la transmisión de la cultura gallega de una generación a otra con la renovación de la colectividad que se está dando, precisó que “Uruguay es un país chico con menos recursos que otros, con menos gente y es complicado, porque en Buenos Aires hay otro tipo de movimiento. Pasó siempre que músicos uruguayos cruzan el Río de la Plata porque tienen más actividades que aquí”.
Esa falta de público por un lado y “también la colectividad, que tiene que trabajar con más de la mitad de los músicos que no tienen ascendencia gallega pero que les gusta, por lo que creo que hay que recurrir a esa gente, a la que le gusta más que a los descendientes de gallegos”.
Afirmó también que “hay gente que está trabajando para que se mantenga la cultura, como por ejemplo Carlos González que está en varios sitios dando clases y tiene su banda, o Andrea que también lo hace en A Casa de Galicia. Hay gente que está tirando, pero es una empresa muy difícil la de promover e incentivar por falta de público o lo que fuera”.
Finalmente reflexionó que “siempre tuve la idea de que los clubes tenían que unirse para hacer algo más fuerte. Lo hablamos con Carlos González y es la idea que tiene él también que todos los grupos se junten porque es la forma de mantenerse y difundir la cultura gallega”.





