El Centro Lalín de Buenos Aires acoge una exposición fotográfica sobre la primera Peregrinación al Camino Blanco-Camino Antártico

La muestra se puede visitar del 9 al 31 de julio

Integrantes de la Asociación en uno de sus viajes a Galicia.

El restaurante del Centro Lalín de Buenos Aires acoge del 9 al 31 de julio la ‘Exposición Fotográfica de la Primera Peregrinación al Camino Blanco-Camino Antártico: de la Antártida a Santiago de Compostela’, organizada por la Asociación Amigos del Camino de Santiago en Argentina.

La presidenta de esta entidad, Rosa Ana Ester Montano, y el vicepresidente, Fernando Lorences, destacaron que la exposición, cuya entrada es libre y gratuita, está siendo presentada en importantes ciudades de España.

Además, agradecieron a la comisión directiva de la Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago (Feaacs) la confianza depositada al entregarles en archivo electrónico las imágenes a exhibirse, haciendo extensivo dicho agradecimiento a todas las instituciones españolas que apoyan esta iniciativa y al Centro Lalín por poner a disposición sus instalaciones, en la cual tiene su sede la Asociación.

“Queremos agradecer también al amigo Alejandro, concesionario del restaurante Lalín desde hace muchos años, por preparar el salón para poder exponer esta muestra fotográfica, la que tendrá gran visibilidad por la importante concurrencia de clientes, para almorzar, cenar, o realizar celebraciones”, resaltaron.

A continuación, el relato de cómo surgió la idea de llevar el Camino de Santiago hasta los remotos confines de la Antártida: “La Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago y el Instituto Geográfico Nacional (IGN) mantienen desde hace años una estrecha colaboración con el objetivo de obtener de una cartografía, a nivel nacional, de los Caminos de Santiago, y ponerla a disposición del Peregrino.

Al término de una de las frecuentes reuniones en la que se había alcanzado que la totalidad de los trazados disponibles en la Península Ibérica estuvieran contemplados en el trabajo, los presentes respiraron satisfechos y uno de ellos expresó: ‘Con esto hemos terminado con todos los Caminos Españoles’”.

“‘Con todos no’, fue la respuesta, España tiene presencia continua, desde hace tiempo, en el continente Antártico, y en la Base ‘Gabriel de Castilla’ existe un tótem que soporta indicadores de distancia a distintos pueblos de nuestra geografía, ¿por qué no solicitar autorización para poner uno específico a Santiago de Compostela? La Armada envía anualmente al buque de investigación oceanográfica ‘Hespérides’, él podría llevar la señal y disponerla en el tótem. La Armada cuenta con muchos peregrinos entre sus miembros y algunos de ellos en las más altas esferas, lo que permitió exponer el Proyecto Jacobeo Antártico con mayor detalle. Esta institución aceptó el reto desde el primer momento y dobló la apuesta”.

“Ya no se trataba de poner únicamente la señal; año tras año, una selección de hombres y mujeres, científicos, militares, soldados y marinos se desplazan hasta ese remoto lugar y se establecen en la Base ‘Juan Carlos I’, en Isla Livingstone, y en la Base ‘Gabriel de Castilla’, en Isla Decepción. Durante ese tiempo España forma parte de la Antártida con ellos y gracias a ellos”.

“Teníamos ahora sobre la mesa un lugar remoto, un punto de partida situado a 14.075 kilómetros de Santiago de Compostela, desde el cual, al final de cada campaña antártica, poder recorrer la derrota de regreso a la base, en argot marino, un camino en argot peregrino. Disponíamos de posibles candidatos a peregrinos y conforme la oferta se hacía extensiva a otras instituciones, Ejército de Tierra, CISC, Comité Polar, la respuesta era siempre para sumar. El escepticismo inicial se tornó en ilusión, el problema se había convertido en una oportunidad”.

“La señal kilométrica quedaría en la Base ‘Gabriel de Castilla’ para recordar a todo el que desee iniciar este Camino la distancia que le separa de la tumba del Apóstol. Igualmente, un sello especial para certificar todas las credenciales de peregrinos que quieran iniciar en ese punto su Camino. Un banderín, símbolo del proyecto acompañaría a los ‘pingüirinos’, como se decidió bautizarles en consideración a su procedencia, durante toda la I Peregrinación y, al finalizar, se haría donación del mismo a la Catedral de Compostela, como señera conmemorativa de este Camino inicial”.

“La experiencia ha demostrado que las utopías pueden hacerse realidad si existe ánimo, motivación e ilusión para llevar a cabo los proyectos y pone en constancia, de nuevo, que el español se crece con los grandes retos. Cinco meses después de cerrar las bases antárticas hasta la próxima campaña, la señal continúa indicando, silenciosamente, la distancia a recorrer, el banderín forma parte de los tesoros de la Catedral y un grupo de ‘pingüirinos’ recordarán, con orgullo, que fueron los primeros en recorrer el Camino más largo a Santiago, un Camino Blanco, desde tierras heladas. Un Camino que, sin duda, no serán los últimos en recorrer”.

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