NUEVA EMIGRACIÓN

Buscar la integración en la sociedad de acogida y mantener la identidad a través de los centros españoles

Los nuevos emigrantes también pueden encontrar en las entidades una red social para facilitar el asentamiento en el nuevo país

Carlos Sánchez.
Michelle Moreno y Jesús Díez.
Miguel Arregui.
José Antonio, Sandra y sus hijos.

Aunque cada día es más común, y hay más herramientas que facilitan el camino, empezar una nueva vida en otro país no es tan simple, conlleva una serie de cambios que suponen rediseñar todo el esquema familiar: casa nueva, colegio nuevo, amigos nuevos, comida nueva, palabras nuevas…y sólo queda adaptarse. Es verdad que, en el caso de México, la cercanía cultural y el idioma son aliados importantes, mucho más que si el país de acogida fuese China o Argelia, pero aún así el proceso no es fácil. La palabra clave es integración, pero sin olvidar las raíces propias.

La buena noticia es que hoy en día la movilidad internacional es un tema cotidiano que ha abierto las puertas entre los países, acortando las distancias, simplificando los trámites del viaje y acercando las culturas. Antes, la idea de marcharse a otro país implicaba la posibilidad de no poder volver, como ocurrió con muchos emigrantes décadas atrás.

En aquellos tiempos (el siglo pasado) el perfil de las familias emigrantes era muy distinto, muchas de ellas llegaron a este país en barco, con un par de maletas bajo el brazo y unas perspectivas más bien inciertas.

“El primer lugar que pisamos fue Veracruz -narra Alfredo, un madrileño que lleva más de 50 años en México, y que llegó siendo un niño, con su hermano y sus padres- fue un viaje largo, que todavía recuerdo. Sólo teníamos unos tíos aquí. El inicio fue difícil, cambiamos de casa varias veces y también de colegio, hasta que llegamos al Instituto Luis Vives (colegio fundado en 1939), en donde fue más fácil integrarnos ya que había muchos hijos de españoles como nosotros”.

Los llamados ‘exiliados españoles’ que llegaron a México entre 1939 y 1950, fundaron de entrada, dos colegios ‘de republicanos’, uno el mencionado Luis Vives y otro el Colegio Madrid (1941), en donde estudiaron la mayoría de sus hijos, los cuales hoy siguen activos y mantienen convenios educativos con el sistema español.

También surgieron numerosas asociaciones españolas, en las que las familias emigrantes se reunían con el propósito de conservar vivas sus tradiciones y compartir sus experiencias. De hecho, actualmente en México existen 46 asociaciones españolas, la mayoría, con historias centenarias. De ellas, siete son de la Beneficencia Española (hospitales privados con asilos de ancianos para españoles residentes); 36 centros españoles y tres cámaras de comercio.

“Al poco tiempo de llegar, nos inscribimos en el Centro Asturiano de México, a dónde íbamos todos los fines de semana a comer paella, fabada y otros platos españoles que las mismas familias llevábamos y compartíamos ente todos”, cuenta Alfredo. “Mi hermano y yo jugamos mucho tiempo en el equipo de fútbol que en esa época participaba en la liga mexicana. De esa época conservo muchos amigos”, añade.

Nuevos perfiles

Los años pasan y todo cambia. Hoy, el perfil de las familias que emigran es distinto: llegan en avión, igual con maletas bajo el brazo, pero con unas perspectivas más claras, al menos en el campo laboral. En general, una vez establecidos, se acercan a un centro español, no tanto con la idea de preservar las tradiciones, sino con el objetivo de que los chicos tengan un lugar seguro en donde practicar un deporte y pasar el tiempo. Los colegios elegidos, no son necesariamente españoles, sino más bien aquellos que estén cerca de casa y ofrezcan un buen nivel educativo, de preferencia bilingüe. Cabe notar que el porcentaje de españoles recién emigrados a México que vienen con pareja e hijos es bastante bajo respecto al total y en la mayoría de los casos, es porque uno de los integrantes de la pareja es de origen mexicano.

Tal es el caso de Carlos Sánchez, madrileño de 39 años, quien se casó en Madrid hace 11 años con una mexicana que conoció allá. Vivieron un tiempo en la capital española, en donde nació su primer hijo. Hace cinco años tomaron la decisión de venir a México, debido a la crisis económica en España. “La situación se tornó muy difícil allá y decidimos venirnos ya que la familia de mi esposa está aquí y su hermano me consiguió trabajo en la empresa de un amigo, dentro de mi ramo que es la informática”, relata Carlos. “Al principio las cosas no fueron fáciles ya que al poco tiempo de estar aquí la empresa cerró y me quedé de nuevo sin trabajo y con mi mujer embarazada de nuestro segundo hijo. Afortunadamente, un par de meses después conseguí otro empleo en la empresa de unos españoles y a partir de entonces las cosas han mejorado”, señala. Así, Carlos tiene dos hijos, uno madrileño y otro mexicano, ambos con doble nacionalidad, al igual que él y su esposa. Por el momento no tienen planes de regresar a España, aunque no descartan la posibilidad, “ya que en Madrid vivimos muy a gusto”, añade.

Los españoles que han llegado a México en los últimos años (más de 4.300 entre 2008-2013, según datos del Instituto Nacional de Estadística de España) son principalmente jóvenes con una alta preparación académica, que buscan en México las oportunidades laborales que una España en crisis no les ofrece y que se consideran a sí mismos ‘exiliados económicos’. De ellos, el 60% son hombres y 40% mujeres. Por lo que se refiere a las edades, casi el 50% tiene entre 25 y 44 años.

En todo este proceso las redes sociales juegan un papel destacado ya que facilitan la integración social del emigrante, permitiéndole estar en contacto con otras personas en su misma situación, mientras sigue manteniendo los lazos familiares y de amistad con su país de origen.

Miguel Arregui, nacido en Santa Cruz de Tenerife (1983), inició desde muy joven su aventura por el mundo. Su pasión por la cocina lo llevó a varios países antes de aterrizar en México hace ya 12 años. Llegó solo, sin trabajo y con la intención de probar surte en esta tierra. Hoy está casado con una mexicana, tiene dos niños pequeños y es chef del prestigioso restaurante Tezka. “La verdad es que me adapté muy rápido y tuve la suerte de conocer a mi mujer, con quien tengo dos hijos. El trabajo nunca me ha faltado, casi siempre en restaurantes españoles. Todos tenemos las dos nacionalidades, ya que al casarse con una mexicana todos los trámites son más rápidas. Mis hijos han ido varias veces a mi tierra y conocen a mi familia. Les gusta mucho, sobre todo la comida y el fútbol. No tenemos contemplado regresar allá, al menos en el mediano plazo”, cuenta Miguel.

Cabe destacar que pese al nuevo Reglamento de la Ley de Migración en México, en 2013 los españoles constituyeron el octavo grupo por nacionalidad al que más tarjetas de residente permanente le fueron otorgadas con un total de 2.180. Por lo que se refiere a la obtención de la nacionalidad mexicana, aún es pronto para poder valorar su incidencia, ya que la ley exige una residencia legal previa, permanente o temporal (pero no como estudiante) de cinco años, que se reducen a dos en el caso de ser cónyuges de ciudadanos mexicanos.

“Nuestra vida está muy ligada a la comunidad española”

La identidad se recrea individual y colectivamente y se alimenta del medio exterior. Se define como el sentido de pertenencia a una colectividad, a un sector social o un grupo específico de referencia y se manifiesta a través del patrimonio cultural compuesto por diversos elementos que tienen que ver con las costumbres, los valores y las creencias. Cuando se está lejos de la tierra de origen, el tema cobra una relevancia especial.

Por eso, a pesar de llevar media vida fuera de su país, los emigrantes, aunque estén integrados en su nuevo entorno, conservan gran parte de sus costumbres y tradiciones, mismas que transmiten a sus descendientes, fortaleciendo, sin duda, su identidad. Esto conduce a otro grupo de españoles residentes en México, conformado por los descendientes de aquellos emigrantes que llegaron en el siglo pasado y que, aunque ya nacieron en territorio mexicano, conservan no sólo la nacionalidad de sus padres y abuelos, sino gran parte de sus costumbres y tradiciones.

Michelle Moreno y Jesús Díez son un buen ejemplo. Hijos de españoles (Bilbao y Madrid, en el caso de ella, y León y Asturias, de parte de él), están casados y tienen tres hijos. Todos tienen la doble nacionalidad mexicana y española, y pertenecen a cuatro centros españoles: el Centro Asturiano, la Agrupación Leonesa de México, el Casino Español y la Casa de Madrid en México.

“Nuestra vida está muy ligada a la comunidad española, asistimos regularmente a las fiestas y romerías de los centros (del Socio Asturiano, de Covadonga, Jira Asturiana, Jira Leonesa, Romería de la virgen del Camino, etc.), además, de que mi esposo, por su profesión de enólogo, tiene mucha relación con el ICEX España Exportación e Inversiones y con la embajada de España en México”, explica Michelle.

Viajan a España regularmente, al menos cada dos años, especialmente a León y Asturias. En casa conservan muchas tradiciones de allá. “Nuestra comida diaria es más bien española, nos gustan las canciones españolas y las series de televisión españolas son mis favoritas. Somos hinchas del Real Madrid y siempre vamos con ‘la Roja’. El queso favorito de mis hijos es el manchego, preferimos la nocilla a la nutella y los vinos españoles no faltan nunca en casa, así como el jamón, el chorizo y el aceite de oliva”, señala Michelle.

Y aunque sus hijos no estudian en colegios españoles, tienen planes para que en un futuro puedan continuar sus estudios en España. Incluso, en algún momento, afirma, quisieran ir a vivir allá. En cuanto al tema de la doble nacionalidad, lo tienen claro: “Les decimos que son mexicanos, porque aquí nacimos y que México es nuestro hogar porque aquí vivimos, pero su raíces y su sangre es de España. Todos nuestros ancestros son españoles y queremos que sepan que tanto aquí como allá pueden sentirse como en casa, que pueden encontrar y explorar oportunidades en los dos países y que deben de quererlos y respetarlos por igual”.

Españoles de origen peruano en Fráncfort

Sandra y José Antonio, españoles de origen peruano, llegaron a Fráncfort hace seis años. Tienen una hija de siete años, ya escolarizada, y un hijo de cinco que asiste a una guardería bilingüe. Llegaron en busca de empleo, sin saber alemán, con su hija de apenas un año y un pequeño ahorro que les aseguraban la subsistencia al comienzo. Habían agotado el paro en España y no tenían derecho a prestación alguna a su llegada. Aunque trataron de encontrar ayudas en algunas instituciones, el único apoyo efectivo que tuvieron fue el de un amigo suyo que había llegado anteriormente, quien ayudó a José Antonio a encontrar su primer empleo en este país. Lo más difícil les fue encontrar alojamiento, “fue algo desastroso”, dice, y cuenta que vivió en casa de su amigo durmiendo en el sofá de la sala y mientras su mujer tuvo que regresar a España, hasta que él pudo encontrar una vivienda para los tres. Habla también de la odisea que vivieron en alojamientos temporales y buscando ofertas de alquileres asequibles para ellos en una de las ciudades más caras de Alemania. En ese sentido, recuerda el tiempo que pasó haciendo cola para visitar los pisos a los que no tenía opción de acceder, pues “se los dan siempre a los que tienen los ingresos más altos”, y no era ese su caso. Cuenta también cómo algunas de las viviendas se alquilan al margen de la legalidad, y habría casos de alemanes que reciben ayuda social y realquilan su alojamiento, pagado por el Estado, mientras ellos viven con parientes.

Emigraron a Alemania a causa de la crisis, pues en Valencia, donde residían, se habían quedado sin trabajo. José Antonio es electricista, aunque, al principio, trabajó en los servicios de limpieza hasta que encontró trabajo como asistente en una empresa de electricidad. No pudo homologar su título a causa de la falta de conocimientos del alemán y se queja de que las empresas aprovechen esa circunstancia para pagar menos, pues mucha gente, sobre todo la empleada en subempresas, estarían cobrando como asistentes y haciendo el trabajo de especialistas, de acuerdo con su cualificación.

Sandra, de profesión protésico dental, de momento se dedica a la atención de la familia y al cuidado de los niños, pero sigue aprendiendo el idioma para poder homologar también su título y trabajar más tarde en su profesión. Aunque ahora pueden desenvolverse en la vida diaria, sus conocimientos de alemán son aún deficientes, al contrario que sus niños, que hablan sin dificultad alemán y español. La niña, al escolarizarse, no tuvo ningún problema, ni de lenguaje, ni de integración, lo que se debe a la educación bilingüe recibida en la guardería ‘2sonmás’, fundada por dos españolas en 2004 en Fráncfort, un referente en la ciudad para los padres y madres hispanohablantes que quieren que sus hijos crezcan en un ambiente bilingüe y bicultural. Dicen que la guardería les ayudó muchísimo, no sólo con los niños, sino también como punto de encuentro para conocer a otras personas hispanohablantes y relacionarse.

A pesar de las dificultades iniciales, piensan quedarse en Alemania hasta la jubilación, “luego queremos regresar a España”, afirma José Antonio. Según él, Alemania ofrece muchas oportunidades, “a mí me sirvió mucho venir”, subraya, “el que no sale adelante es que no quiere”, habría que estar dispuesto a trabajar en lo que se encuentre al principio, “luego se va mejorando”, asegura, y recuerda a los que quieran venir a este país que lo más importante, antes de dar el paso de la emigración, es aprender alemán. Información de Josefa Castro.

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