El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, denunció que la “integridad territorial” de España se ha visto “violentada” en Ceuta “a través de una avalancha de 80.000 personas”, que es prácticamente la población de la ciudad, en pocas horas del pasado 30 de julio procedentes de la frontera con Marruecos en la zona del Tarajal. Vivas explicó el 3 de agosto, al cierre de esta edición, que la localidad todavía no ha vuelto a la “normalidad” y que quedaban entre 3.000 y 5.000 migrantes en la Ciudad Autónoma cuatro días después de la entrada masiva desde Marruecos.
El caos se apoderó el 30 de julio de la frontera entre Ceuta y Marruecos cuando varios miles de personas irrumpieron en la ciudad marroquí de Castillejos para intentar entrar a nado o a pie en la Ciudad Autónoma española situada al norte de África, en la mayor crisis migratoria bilateral al menos desde 2021. Una barrera policial trató de cortar el acceso por carretera, pero la movilización se dispersó para alcanzar la frontera española a través de las colinas, por un lado, y lanzarse al mar y llegar a nado a España por otro. Cuando las miles de personas se encontraban en las proximidades de la verja española, el dispositivo se vio desbordado ante la magnitud de la concentración y el efecto llamada que la multiplicó, según constataron medios españoles en la frontera.
El Gobierno de España, tras desatender los primeros avisos de Vivas, movilizó al Ejército para reforzar a la Guardia Civil y la Policía Nacional y aumentar la seguridad. Sin embargo, las decenas de miles de personas estuvieron vagando por las calles de Ceuta durante muchas horas sin lograr alimentos ni agua, durmiendo al raso. Y sin conseguir el acceso a un Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes totalmente colapsado.
Mientras, el miedo a los saqueos y a la inseguridad llevó a la población ceutí a recluirse en sus viviendas y la actividad laboral y comercial fue muy escasa, especialmente en la jornada del día 31.

Marruecos y España acordaron repatriar a la mayor brevedad a las personas que habían entrado ilegalmente, lo cual fue vaciando las calles de inmigrantes, la mayoría marroquíes y algunos subsaharianos. Además, la situación precaria en la que se encontraron ayudó también al regreso a Marruecos.
Este intento masivo de entrada en Ceuta coincidió con la celebración en Marruecos del 27 aniversario de la entronización del rey Mohamed VI y una visita, unos días antes, del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, a Argelia, histórico enemigo del país alahuita. Y con una mala interpretación de un reciente fallo del Tribunal Supremo por el que cualquiera que intentara entrar por mar no podía ser deportado, aunque la realidad es que sí, pero no en el momento, sino siguiendo un proceso.
Por otro lado, el Gobierno de Ceuta elevó a 88 la cifra de personas que aparecieron muertas en las inmediaciones del espigón fronterizo del Tarajal como consecuencia de la invasión, aunque no se descarta que se llegue a la centena. La mayoría fueron trasladados a las dependencias del antiguo Hospital Militar de la ciudad, donde se tuvo que improvisar una morgue.
El Rey de España siguió “con gran preocupación e indignación” los graves acontecimientos, según informó la Casa Real. Felipe VI aseguró que “el Estado debe velar por su seguridad y por evitar que estos hechos vuelvan a repetirse”.
Por su parte, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, fue abucheado en su visita a Ceuta el día 31, donde condenó el “ataque” y “una violación de la integridad territorial de España”, que atribuyó a las mafias tras agradecer la colaboración marroquí y anunció el despliegue de boyas en la frontera. Los líderes de PP y Vox, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, que también visitaron la ciudad, criticaron la actuación del Gobierno, como también una veintena de países de la UE.





