Adrián Barbón visita el Ateneo Español de México, un centro que preserva y difunde el recuerdo del exilio español

El presidente asturiano señaló que esta entidad se ha convertido en “en guardián de la memoria” y “custodio de la conciencia”

Adrián Barbón
María Antonia Fernández Felgueroso, Josefina Tomé, Juan Luis Bonilla, Adrián Barbón y Cristina Ruiz.

El presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón, visitó el pasado 24 de abril el Ateneo Español de México, una institución fundada en 1949 por intelectuales mexicanos y españoles exiliados como espacio de acogida para promocionar la cultural y buscar un refugio para la convivencia, la discusión y el aprendizaje. Se trata de una institución civil, laica, democrática y sin fines de lucro, que preserva y difunde el recuerdo del exilio republicano español. A juicio del presidente, el centro no solo se ha convertido “en guardián de la memoria”, sino también “en custodio de la conciencia”.

Durante la visita, Barbón estuvo acompañado por la presidenta del Consejo de Comunidades Asturianas, María Antonio Fernández Felgueroso y por el presidente del Ateneo Español, Juan Luis Bonilla, la vicepresidenta, Josefina Tomé, y la secretaria, Cristina Ruiz.

El jefe del Ejecutivo expresó su agradecimiento a México y recordó la memoria del general Cárdenas, quien gobernaba el país cuando miles de españoles buscaron amparo allí tras huir de su país de nacimiento por motivos ideológicos.

“La España democrática, la España que recuerda, la España a la que yo quiero hoy poner voz, necesariamente tiene que estar agradecida al pueblo mexicano y a las instituciones, que entendieron en aquel momento que era una cuestión de humanidad abrir las puertas y acoger”, valoró Barbón, quien subrayó que la historia sirve “para interpretar el presente y construir el futuro”.

Durante la visita, Barbón, se refirió al concepto de prioridad nacional que incluyen los acuerdos suscritos en Extremadura y Aragón entre el Partido Popular y Vox para formar gobierno. A su juicio, “no solo muestran una falta de corazón, de sentimiento y de respeto, sino también el desconocimiento de nuestra propia historia”.

“¿Cómo podemos nosotros, un país que fue tierra de salida, tierra de migración, tierra de gente que entendía que tenía que salir, bien fuera por motivos económicos o bien para salvar su vida, hablar ahora, con una frialdad enorme, de prioridad nacional?”, se preguntó.

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