El Concello de Negreira organizó el pasado 8 de septiembre un acto, coincidiendo con el comienzo del curso escolar al día siguiente, para conmemorar el centenario de la escuela de la parroquia de Aro que fue construida por la Sociedad Unión Barcalesa de La Habana.
En el acto intervinieron el alcalde de Negreira, Manuel Ángel Leis, la maestra actual de la escuela, Sandra Albor, y X. Amancio Liñares, experto en emigración de la comarca de A Barcala y colaborador de España Exterior. Durante el evento se descubrió una placa conmemorativa en la que se reconoce la aportación realizada por la emigración para el desarrollo educativo y cultural de los vecinos de Negreira, y en especial de la parroquia de Aro.
La construcción de la Escola de Aro comenzó a gestarse en 1914, cuando una comisión de la Unión Barcalesa de La Habana visitó la parroquia en busca de un terreno adecuado para levantar el edificio. El proyecto se vio facilitado por la cesión de una finca denominada Portela do Vilar, ofrecida por el socio Celestino Pensado. En septiembre de ese año, la Delegación de la Unión Barcalesa calculaba que el coste de la obra estaría entre 9.000 y 10.000 pesetas y acordaba contratar a canteros y carpinteros.

Sin embargo, el proyecto atravesó dificultades y discrepancias. En enero de 1915 llegó desde Cuba una carta en la que se reflejaba el malestar de algunos emigrantes con determinadas actuaciones relacionadas con la escuela y con la parroquia. La Delegación defendió la necesidad de mantener el compromiso de los emigrantes con la instrucción y el desarrollo de su localidad de origen. Las diferencias llegaron a provocar que en abril de 1916 se aplazase la construcción, quedando finalmente el proyecto paralizado durante varios años.
La situación de las escuelas vinculadas a la Unión Barcalesa tampoco era especialmente satisfactoria. En 1925 se denunciaron las malas condiciones de algunos centros y las quejas sobre su funcionamiento y resultados. Como respuesta, se acordó realizar inspecciones periódicas y reclamar a los profesores que fueran fieles al espíritu educativo impulsado por la sociedad de emigrantes.
En este contexto, en abril de 1926 se retomó definitivamente la decisión de construir la Escola de Aro. Se establecieron las condiciones del contrato con los canteros y se insistió en que los materiales utilizados –piedra, barro, cal y otros– fueran de primera calidad. El presupuesto había aumentado considerablemente respecto a las previsiones iniciales de 1914, hasta alcanzar las 18.251 pesetas.

La escuela aparece así como un ejemplo de la importancia que tuvo la emigración gallega en América en la creación y financiación de centros educativos en sus lugares de origen. La iniciativa de la Unión Barcalesa de La Habana pretendía contribuir a mejorar la formación de los niños de Aro y, al mismo tiempo, mantener los vínculos entre los emigrantes y su comunidad de procedencia.
El documento señala que en 1930 se firmó el contrato de arrendamiento de la escuela con el Concello de Negreira. A partir de ese momento apenas se conservan datos sobre su funcionamiento interno o sobre sus contenidos pedagógicos, aunque se apunta que probablemente serían diferentes de los aplicados en otras escuelas promovidas por la Unión Barcalesa, como la de Covas.





