Los asturianos de Uruguay celebraron los 115 años de institucionalidad en la capital con la clásica fabada aniversario donde, además de socios y amigos, se destacó la presencia del exsecretario general Iberoamericano, el emigrante astur Enrique Iglesias, y el intendente de Montevideo, Mario Bergara.
Justamente, este ilustre asturiano es el mejor ejemplo de cómo se han integrado los emigrantes del Principado en la sociedad uruguaya. Iglesias llegó a Montevideo junto a sus padres en 1934 con apenas cuatro años.
Manuel Iglesias e Isabel García, sus padres, se instalaron en el barrio del Reducto donde atendían su almacén, en tanto su hijo estudiaba ingresando a la Universidad de la República donde se graduó en 1953 como contador público.
Ya había adquirido la nacionalidad uruguaya al cumplir 18, y del 54 al 66 fue director gerente de la Unión de Bancos del Uruguay, en tanto del 67 al 68 fue presidente del Banco Central del Uruguay, aunque sus trabajos para el desarrollo de la economía en el Uruguay le llevaron a ocupar las máximas jerarquías en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Secretaría General de la Conferencia de las Naciones Unidad sobre fuentes de energía nuevas y renovables, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y culminó sus actividades ejecutivas a nivel internacional como secretario general Iberoamericano.

Asimismo, Iglesias fue ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay cuando acabó la dictadura en 1985 y la democracia volvió a su país de acogida.
Distintos premios avalan el aporte de su trabajo al desarrollo de los países de todo el mundo, pero su retribución en los últimos años ha sido la puesta en marcha de la Fundación Astur, una organización no gubernamental sin fines de lucro, que, respetando el deseo de Enrique Iglesias, aspira a contribuir al progreso de la sociedad uruguaya en reconocimiento a lo que generosamente ha recibido de ella.
Vale la pena recordar una anécdota que cuenta Enrique cuando estaba estudiando mientras atendía el almacén de sus padres a la hora que ellos dormían la siesta: “Vino un vecino y cuando vio que tenía los libros abiertos y estaba tomando apuntes, me dijo que volvía luego que no me quería molestar”. Esa era la actitud que emigrantes y uruguayos mantenían en aquellos años del siglo pasado cuando se construía la sociedad montevideana entre los que llegaban de Europa y quienes aquí nacieron.

La fiesta de una gran familia
El Centro Asturiano Casa de Asturias del Uruguay nació hace 115 años, aunque solo como Centro Asturiano, pero a principios de este siglo los dos clubes decidieron unirse para convertirse en la gran familia astur en esta orilla del Río de la Plata.
El pasado 7 de septiembre el altar ubicado frente a la Virgen de Covadonga aguardaba para celebrar la misa, mientras que la santa era paseada en peregrinación por las calles del Prado cargada por emigrantes y descendientes devotos de la misma.

Tras la misa, fue la música del grupo Güestia con sus gaitas, tambor y acordeón, los que llevaron los ritmos asturianos que recibían a los invitados para la celebración del aniversario.
Allí, el grupo folklórico de la institución, Les Madreñes, fue el encargado de despertar la memoria de los emigrantes y ver a sus descendientes, hasta los más pequeños, bailar con trajes típicos.
La oratoria del evento comenzó con el recibimiento del presidente, Omar Del Llano, a quien siguió el cónsul general Juan Carlos Gafo quien destacó la unión de las instituciones asturianas en una sola, lo que fortaleció a este colectivo. También estuvieron presentes la consejera de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Isabel de Zulueta, y el consejero de Cultura de la Embajada, Juan Manuel López Urdiales.
Además de la presencia del contador Iglesias, asistió a la fabada el intendente de Montevideo, Mario Bergara, presidentes y directivos de varias instituciones españolas, así como también de la Federación de Instituciones Españolas del Uruguay y del Consejo de Residentes Españoles.

La fabada fue la protagonista una vez más de la reunión familiar donde nuevamente los recuerdos y el futuro se conjugaron en un presente de armonía y felicidad de emigrantes y descendientes.





