60 años de ‘La camisa’, el drama que expuso con crudeza las causas de la emigración a Alemania

El asunto fue tratado con tanto realismo que la censura lo prohibió

Lauro Olmo con Emma Cohen y Fernando Fernán Gómez.
Una representación reciente de la obra en la que vemos a Lola en la chabola con la maleta de segunda mano que acaba de comprar para emigrar a Alemania. A su lado, su madre.

Este año se cumplen 60 de la escritura de ‘La camisa’ y 58 de su estreno. El drama de Lauro Olmo (O Barco de Valdeorras, Ourense, 1922-Madrid, 1994) causó sensación en el panorama teatral de la España de la época porque fue una de las primera obras del nuevo realismo social, planteando con crudeza temas como la marginalidad (el chabolismo), el desempleo, el alcoholismo y, sobre todo –lo que más nos interesa aquí–, la nueva emigración a Centroeuropa, en concreto a Alemania, un tema que retomará el cine de comienzos de los años 70 de otra manera, entre la comedia y el patetismo, con títulos como ‘Españolas en París’ (1970), de Roberto Bodegas, o ‘Vente a Alemania, Pepe’ (1971), de Pedro Lazaga.

Pero ‘La camisa’ es muy diferente: primero, porque toda la acción transcurre en España, antes de que emigren sus protagonistas; y segundo, porque no hay en ella comedia ninguna, sino un realista y convincente retrato de las causas que llevaron a tantas personas y familias a afrontar la nueva emigración a países como Alemania, Suiza o Francia. La mayoría de ellos habían sido ya emigrantes interiores, pues –como ocurre con los personajes de ‘La camisa’– se habían trasladado años antes desde sus pueblos hasta Madrid, en cuyos extrarradios vivían pobremente, incluso en chabolas como la familia protagonista del drama de Olmo.

Paso, Buero, Casona y Sastre

Premiada en 1961 con el Premio Valle Inclán (en 1963 recibiría también el Nacional de Teatro), ‘La camisa’ apareció en un momento en que la escena comercial española estaba dominada por Alfonso Paso y su humor acrítico (‘Vamos a contar mentiras’, 1961; ‘Las que tienen que servir’, 1962; ‘Enseñar a un sinvergüenza’, 1966) y en la que se consolidaba ya el realismo –no tan crudo como el de Olmo– de Antonio Buero Vallejo (‘Un soñador para un pueblo’, 1958; ‘El concierto de San Ovido’, 1962; ‘El tragaluz’, 1967). Alejandro Casona andaba todavía en el exilio de Argentina, aunque estaba a punto de volver a España –lo haría en 1962–, donde su teatro sería utilizado por la política aperturista del régimen (‘El caballero de las espuelas de oro’, 1964). Por su parte, Alfonso Sastre (‘Escuadra hacia la muerte, 1953; La taberna fantástica’, escrita en 1966, pero estrenada en 1985), empezaba a desaparecer.

‘La camisa’ se presentó por primera vez a censura en 1961 y fue prohibida; en enero de1962 se autorizó para una única función de cámara y dos meses más tarde se permitió su explotación comercial. Fue estrenada en el Teatro Goya de Madrid el 8 de marzo de 1962, hace ahora 58 años. Su dirección corrió a cargo de Alberto González Vergel y los intérpretes fueron Manuel Torremocha, Margarita Lozano, Carola Fernán Gómez, Tina Sáinz, Mary Paz Ballesteros, Emilio Laguna y Pedro Oliver.

Treinta y tres años más tarde, el 10 de noviembre de 1995, año y medio después de la muerte de su autor, fue reestrenada en el Teatro Bellas Artes de Madrid con dirección del mismo Alberto González Vergel. En esta nueva ocasión integraron el reparto Julia Martínez, Queta Claver, Elvira Travesí, Manuel Gallardo, Teófilo Calle, y Ramón Pons. Este año se cumplirán 25 de aquel reestreno.

El conflicto sobre la emigración

‘La camisa’ se titula así por la importancia simbólica de esta prenda de ropa en el desarrollo de la obra. Juan, uno de los personajes centrales –realmente, el protagonismo es colectivo–, no tiene una camisa blanca para ir a pedir trabajo al patrón y no se puede permitir comprar una. Juan es un albañil en paro que vive con su familia en una chabola del extrarradio de Madrid. La acción transcurre en el otoño de 1960, en los inicios del Plan de Estabilización que sacaría a España de la autarquía y pondría los cimientos del crecimiento económico alcanzado por el país en los años 60.

La trama principal versa sobre el conflicto entre la negativa de Juan a emigrar a Alemania —cosa que han empezado a hacer ya sus amigos— y la determinación de su mujer, Lola, a que lo hagan e incluso —como sucederá al final— a irse ella sola para trabajar allí como criada seis meses o un año. “Por esos países las criás españolas están muy solicitadas. Tenemos cartel. ¡Como los toreros!”, le dice la señora Balbina, su vecina. Eran los primeros tiempos de la emigración a Centroeuropa, cuando aún muchos (la mayoría mujeres) iban todavía por su cuenta, al margen del mecanismo oficial que regularía y controlaría luego todo el proceso.

‘La camisa’ refleja tres maneras diferentes de ver esa emigración. La primera, la de quienes —como los amigos de Juan— la idealizan y ven en ella una oportunidad para triunfar. Creen que van a ganar mucho dinero y a vivir bien desde el primer momento. “Dentro de un año regreso con un ‘Volvaguen’ de esos”, le dice a Juan su amigo Luis. La segunda, la de aquellos que —como Lola— la aceptan con realismo y resignación, viendo en ella una salida a la pobreza extrema. Y por último, la de quienes —como Juan— la rechazan de pleno por considerarla un fracaso en sí misma, porque supone aceptar que uno no ha podido ganarse la vida donde y como le correspondía. “Han nacío aquí. Su hambre es de aquí y es aquí donde tienen que luchar pa saciarla”, le responde a su mujer sobre sus hijos cuando ella le insiste en que emigren. Y a su amigo Sebas, que está a punto de irse a Alemania, le reprocha: “La mayoría no os vais: huis y lo que no os aguanto es que os largáis maldiciendo la tierra que os parió”.

Las tijeras de la censura

Por su manera agresiva de abordar el tema y por su calidad literaria, la obra resultó una revelación angustiosa para el espectador medio y un claro aviso para la censura, que en lo sucesivo analizó con microscopio las nuevas obras de Olmo. De hecho, prácticamente todas (‘La condecoración’, ‘El cuerpo’, ‘La noticia’, ‘El cuarto poder’…) fueron prohibidas o autorizadas con cortes.

En ‘La camisa’ están ya los fundamentos de todo el teatro posterior de su autor: una crítica decidida de los fundamentos sociales y políticos de la España que le tocó vivir; el arrebato temperamental, el gracejo y el lirismo, a veces temurista; y sus escenarios habituales: arrabales chaboleros, tabernas, plazas, mercadillos, prostíbulos playeros, pensiones y pisos modestos.

En septiembre de 2011, el Instituto de Estudios Valdeorreses rindió un homenaje a Lauro Olmo, con el descubrimiento de una placa en la fachada de su casa natal en O Barco de Valdeorras,  la colocación de una corona de flores en el monolito que le dedicó el Ayuntamiento y la presentación de un documental acerca de su vida realizado por su hijo Olmo Enciso, quien lamentó que no prosperase una fundación con su nombre. Los que sí lo llevan son el teatro y un instituto de enseñanza secundaria (IES) de O Barco.

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