Una película y una exposición recordarán cien años después el naufragio del ‘Santa Isabel’

El buque, lleno de emigrantes con destino a Buenos Aires y Montevideo, embarrancó en la isla gallega de Sálvora en 1921, muriendo 213 personas y salvándose solo 53

Las heroínas de Sálvora.
El barco correo 'Santa Isabel'.
Lugar exacto donde embarrancó el buque, marcado con una equis.
Luis Cebreiro, segundo oficial del barco y héroe del rescate.
Recibimiento en Vigo a las heroínas de Sálvora.
Un momento del rodaje de la película 'La isla de los secretos'.
Nerea Barros, caracterizada como una de las heroínas, durante el rodaje del filme.

El 2 de enero de 1911, el ‘Santa Isabel’, un barco correo que iba recogiendo emigrantes con destino a América desde Bilbao hasta Cádiz, embarrancó frente a la isla de Sálvora, en Ribeira (A Coruña), muriendo 213 personas y salvándose solo 53 gracias al heroísmo de los vecinos. Hubo que abrir un antiguo cementerio para dar sepultura a los fallecidos. 60 cadáveres nunca fueron recuperados. Fue la segunda mayor tragedia marítima de Galicia, aunque la mayoría de las víctimas no eran gallegas, porque el grueso del pasaje gallego iba a subirse al barco en Vigo al día siguiente.

El episodio es recordado en el largometraje ‘La isla de los secretos’, una coproducción de la gallega Agallas Films y otras tres productoras del País Vasco, Portugal y Argentina. Dirigida por la coruñesa Paula Cons, está protagonizado por los españoles Nerea Barros y Aitor Luna y el argentino Darío Grandinetti. Ha sido rodado este verano en Sálvora y los municipios gallegos de Muros, O Grove, Santiago de Compostela, Arzúa y Oza dos Ríos. La película se estrenará el próximo año y sus responsables esperan que pueda verse también en Argentina.

El estreno del filme coincidirá con el centenario del naufagio, que será conmemorado en 2021 por el Ayuntamiento de Ribeira con una gran exposición. El consistorio organizó ya hace unos años (del 28 de octubre de 2014 al 30 de mayo de 2015) una muestra sobre el tema, en la que se exhibió una pintura del postimpresionista José Seijo Rubio que se conserva en el Centro Gallego de Avellaneda, en Argentina.

El periodista e historiador José María Fernández Pazos, quien en 1998 publicó el libro ‘Sálvora: memoria dun naufraxio’, reeditado con nuevas fotografías en 2011, está colaborando tanto con la película -como asesor histórico- como con el proyecto de la exposición.

El ‘Santa Isabel’, llamado así por la capital de la antigua colonia española de Guinea Ecuatorial, era un vapor correo de cuatro años de antigüedad que recorría la costa recogiendo emigrantes por los puertos de Bilbao, Santander, Gijón, A Coruña, Vilagarcía, Vigo y Cádiz, donde el pasaje era transbordado a un transatlántico con destino a Buenos Aires y Montevideo. En la madrugada del 2 de enero de 1921, tras haber salido de A Coruña, un fuerte temporal empujó al barco contra la costa, haciendo que embarrancase frente a la isla de Sálvora y se partiese. El farero se apresuró a dar la voz de alarma en la aldea, pero la mayoría de los 54 vecinos habían ido a celebrar el año nuevo a la costa, a las aldeas de Aguiño y Carreira.

Las heroínas

Desafiando a la niebla y en plena noche, tres mujeres -María Fernández, Josefa Parada y Cipriana Oujo, de 14, 16 y 24 años, respectivamente- rescataron en una pequeña dorna, una embarcación tradicional a remos, a entre a 15 y 20 personas. En las labores de rescate participó también otra cuarta mujer: Cipriana Crujeiras. Su acción les valió el reconocimiento como las “Heroínas de Sálvora”, además de serles otorgada la Cruz de Tercera Clase con Distintivo Negro y Blanco del Consejo de Estado y la medalla de Salvamento Marítimo. La prensa de la época pidió el título de “Muy noble, leal y hospitalaria” para la villa de Ribeira, desde donde llegó ayuda después de que otros vecinos fuesen allí a pedirla, pero no se le llegó a otorgar.

Paradójicamente, poco después se hizo un gran silencio sobre el asunto, que cayó en el olvido. Fernández Pazos lo atribuye a los “celos que los vecinos de la aldea [tu[vieron de las mujeres”, que les llevó a correr el bulo de que habían robado cadáveres. “El expediente de la Armada del juez instructor y los escritos del segundo oficial del barco demuestran que no hubo tal cosa. La leyenda viene un poco del hecho de que el juez instructor mandó a la Guardia Civil recuperar las joyas de las víctimas, pero, como los cadáveres estaban hinchados, no pudieron sacar los anillos y tuvieron que cortarles los dedos”, aclara el periodista.

El segundo oficial del barco, el ferrolano Luis Cebreiro, fue el otro gran héroe del naufragio. “La mayoría de la gente murió estrellada contra las rocas por el oleaje en los botes salvavidas, que eran de madera. Él hizo subir a un bote a un grupo de personas, pero no lo soltó hasta que amaneció y el temporal se calmó un poco. Como era muy corpulento -le llamaban ‘el tonelada’- no quiso subir al bote, por miedo a hundirlo, y fue nadando hasta la costa agarrado a él”, explica Fernández Pazos. “Es el oficial de la marina mercante española más condecorado del siglo XX. Participó en varios rescates marítimos, entre ellos el de las tripulaciones de un submarino alemán y de un velero inglés en la II Guerra Mundial”.

En la tragedia del ‘Santa Isabel’ “hubo momentos de grandeza y de miseria”, concluye el historiador. “El capitán [Esteban García Muñiz] fue el último en abandonar el barco. Permaneció subido al mástil con un grumete de 14 años y un pasajero de tercera clase al que le habían muerto dos hermanos en el naufragio. Cuando empezó a amanecer, se sacó la chaqueta, le dio 400 pesetas y el reloj al grumete y se echó al agua a nadar en busca de ayuda. El pasajero de tercera se puso a discutir con el grumete para que le diera el dinero. Cuando el capitán estaba a punto de morir, llegaron las primeras ayudas de Ribeira y lo rescataron”.

Paula Cons, directora del filme: “Lo que más me interesó de la historia fueron las mujeres”

 

-Este es su primer largometraje de ficción como directora, después de dos documentales sobre la guerra del wolframio en Galicia en la II Guerra Mundial y el caso Diana Quer, la joven madrileña asesinada en la localidad coruñesa de A Pobra do Caramiñal en 2016. ¿Podría haber sido también un documental? ¿Por qué optó por la ficción?

-Sí, podría haber sido un documental, pero creía que podía hacerse una película interesantísima y me apetecía volver a hacer ficción [en la que ya fue guionista y productora]. Hay que aclarar que la película no cuenta los hechos tal cual fueron; es una pura ficción a partir de unos hechos y personajes reales apasionantes. Pero también supone una oportunidad para el espectador de enterarse de lo que pasó realmente e investigarlo. Hay libros interesantísimos al respecto.

-¿Qué fue lo que más le interesó de la historia?

-Las mujeres, las heroínas. Quería indagar cómo se les ocurrió coger una barca en medio de la tormenta, de la niebla, y ponerse a salvar gente. Aparte, siempre me fascinaron los hechos históricos que están olvidados y merecen ser rescatados. Es tan llamativo que no se conociera esta historia…

-¿A qué cree que se debió este silencio?

-Fue un asunto que estuvo siempre rodeado de polémica. Después de recibir homenajes un tanto disparatados y grotescos, se dijo que si habían robado a los muertos, y la historia se frenó. Aparte -y esto ya es una opinión particular-, creo que si hubieran sido tres hombres, en vez de tres mujeres, igual la historia se habría contado de manera diferente.

-Una mujeres que eran, además, muy jóvenes. Dos de ellas tenían solo 14 y 16 años.

-Eran casi unas niñas. En la película solo una es caracterizada tan joven. De todos modos, el concepto de las edades ahora es diferente. Entonces, una chica de 18 años era una mujer hecha y derecha. Tenía que serlo para poder enfrentarse a ese mar. También me fascina cúanto las tuvieron que marcar los hechos que vivieron.

-¿Cuál fue su principal dificultad a la hora de afrontar por primera vez la dirección de una película de ficción?

-Es una historia ambiciosa de más. El presupuesto que teníamos no nos permitía contar el naufragio y el salvamento con pelos y señales, y además ya hay películas que lo hicieron. La película va de lo que pasa después. El salvamento queda atrás desde el minuto 15.

-¿Cómo se recreó el ‘Santa Isabel’?

-Digitalmente.

-¿Le resultó difícil dirigir un reparto de actores de primer nivel, como Nerea Barros o Darío Grandinetti?

-Te lo ponen muy fácil. Los actores son seres frágiles y generosos. Les gustó el guión y la historia, y apostaron por mí. Mi gran dificultad fue estar a la altura de lo que te piden. Nerea se echa la película a sus hombros y Darío mantiene un gran ambiente de rodaje, lo hace todo muy sencillo . El rodaje también resultaría duro: rodar durante seis semanas, con múltiples localizaciones naturales y en el mar… En Galicia siempre tienes que estar muy pendiente de la previsión meteorológica, pero en este caso tuvimos de todo, desde una tremenda ciclogénesis hasta un sol excesivo. La acción transcurría en un mes de enero y tuve que hacer algo inaudito: pedir un ‘cover’ de buen tiempo, ir a interiores para ver si aparecían las nubes. El mar planteaba el problema de que las lanchas no admitían la altura de las olas y el equipo se podía asustar. Acabamos convertidos en unos expertos en olas.

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