Con la Ley en la mano

¿Qué podemos hacer?

Por Ricardo Martínez Barros

Ricardo Martínez Barros.

LA CIFRA: Según el PERE (Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero), casi dos millones y medio de españoles residen en el extranjero, de los que el 60% están en edad de trabajar. España ocupa un lugar intermedio en la clasificación de países con emigración. Cierto que estamos muy lejos de Siria, en el que casi la mitad de su población ha emigrado. Claro que España, por ahora, no se halla en el estado de guerra fratricida y de devastación que presenta el país mediterráneo que nos lleve a hacer este tipo de comparaciones. España es un país de acogida en el que, según los datos del Padrón Continuo, hay casi 5 millones de extranjeros que están empadronados en nuestro país. Y 83 millones que visitan todos los años esta hermosa y hospitalaria tierra. Pero si nos fiamos de los datos de la últimas Elecciones Generales, sólo un 8,71% del Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) ha solicitado el voto por correo, bajando hasta un 3% los votos de los emigrantes que han podido participar en la elección de sus nuevos dirigentes.

EL ANÁLISIS: No hace falta forzar mucho la sinergia de nuestras neuronas para comprender que el colectivo que denominamos “emigración española” cuenta muy poco, casi diría “nada”, en el contexto de las “políticas” que determinan el presente y futuro de las grandes decisiones que convierten a los pueblos en lugares más justos y dignos para vivir.

Analizo las iniciativas de muchos movimientos que van surgiendo para combatir ese injusto y discriminatorio trato al que se somete a los emigrantes españoles. Repaso alguna de las resoluciones judiciales que, cual estrellas fugaces, se asoman de vez en cuando en un firmamento oscurecido. Busco, cual Diógenes, una ley que reconozca una realidad existente y promueva un cambio sustancial en el trato normativo que ha de dársele a las necesidades de la emigración. Y me encuentro con un desolador panorama, atomizado, sin un liderazgo firme que trate de aunar voluntades, coordinar y unificar estrategias que provoquen el cambio sustancial que exige el colectivo de la emigración española. Solamente cuando admitamos que tenemos un grave problema, que no se soluciona con las tímidas iniciativas que se organizan y diluyen en la desfasada burocracia que invade nuestra Administración, habremos iniciado un camino que, aunque largo y arduo, es el único posible para satisfacer nuestras necesidades.

LA PROPUESTA: Claro que intentar dar soluciones para un tema tan complejo, ahora enredado con discusiones competenciales de ámbito comunitario y entrelazado con las prerrogativas que todo Estado soberano tiene sobre su territorio, no deja de ser una atrevida ilusión que fenece casi al momento de nacer. Y este es precisamente el “mantra” que repiten los sucesivos ministros o responsables del ramo cada vez que el “iluso” plantea el abordar el problema de la emigración. Lógico, porque este tipo de problemas no los resuelve el político, sino el movimiento global, apartidista y profesional que sea capaz de “mover” el mundo de la emigración hasta alcanzar el interés de los tabloides, la curiosidad de los noticiarios y la sacudida de la silla de los responsables. “No podemos cambiar la dirección del viento, pero sí podemos ajustar las velas para llegar a nuestro destino” (Jimmy Dean).

Por eso,digo yo que: ALGO TENDREMOS QUE HACER…

Ricardo Martínez Barros es el fundador del Despacho Martínez Barros en Vigo, uno de los más prestigiosos y grandes de Galicia, formado por abogados gallegos. Director de los servicios jurídicos del R.C. Celta y Vicepresidente en su día. Persona ligada a la emigración con más de 1.500 artículos publicados en varios medios.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *