Falleció Darío Lamazares, primer presidente del Centro Galicia de Buenos Aires

Natural de Antas de Ulla, llegó a Argentina con 14 años y fue un ejemplo de lucha a favor de todos los emigrantes

Al igual que el prócer gallego Alfonso Rodríguez Castelao, de quien se conmemoró el 58º aniversario de su muerte tan sólo un día después, Lamazares exhaló su último suspiro en una habitación del hospital del Centro Gallego de Buenos Aires, en la que pasó sus últimos días batallando con una enfermedad a la que finalmente no pudo vencer. Tal vez sea una de las pocas derrotas que sufrió en su vida, a lo largo de la cual se convirtió en un ejemplo de lucha y esfuerzo para todos los emigrantes.
Lamazares había nacido en Antas de Ulla, un pequeño municipio de Lugo. Años después de haber dejado su hogar natal para buscar un futuro mejor para él y su familia en Argentina, país al que llegó a los 14 años, fundó la Sociedad de Antas de Ulla y Monterroso y el Centro Lucense (del que fue presidente en cuatro períodos); además, se desempeñó como patrono y delegado de la Fundación Galicia-América y fue uno de los directivos que participó en la creación del Colegio Argentino Gallego Santiago Apóstol. Lamazares solía recordar que, al igual que la mayoría de sus paisanos que tuvieron que emigrar, se tuvo que formar de manera autodidacta y en la calle, y que el Colegio Santiago Apóstol era una forma de retribuir todo lo que les dio a los emigrantes el país que lo acogió.
El respeto y la admiración que sentían por él todos los gallegos de Argentina lo llevó a ser elegido como el primer presidente del Centro Galicia de Buenos Aires, que surgió de la fusión de los centros Pontevedrés, Lucense, Coruñés y Orensano. En su discurso de asunción, el 25 de julio de 1980, Lamazares recalcó que en el Centro Galicia se daban suma “todas las voluntades, los desvelos, los esfuerzos, los triunfos y los fracasos de nuestros paisanos. Esta entidad, como muchas otras, luchará con pasión para defender nuestras tradiciones, historia, cultura y todos los valores éticos y espirituales que forman nuestra personalidad gallega, y significa un faro de esperanza para aquellos que están en la búsqueda del auténtico origen al que siempre retornamos”.
En septiembre de 2005, cuando el Gobierno argentino homenajeó en el Congreso de los Diputados a los emigrantes gallegos, Lamazares fue elegido para hablar en el acto en representación de todos sus paisanos. En aquella ocasión, recordó que su historia personal era similar a la del resto de los gallegos que a pesar de tener que emigrar, siempre mantenían su corazón apuntando hacia Galicia, de la que dijo que se marchó “sólo físicamente, porque espiritualmente nunca me marché ni me marcharé ya que la patria es como la madre, se aprende a quererla cuando se la pierde”. Entre las numerosas distinciones que recibió a lo largo de su vida, la condecoración con la Orden del Mérito Civil del Gobierno Español y la Medalla de Galicia.