NUEVA EMIGRACIÓN

Los nuevos españoles residentes en México casi se duplicaron en los últimos diez años

Pasaron de 70.000 a primeros de 2009 a casi 136.000 al comenzar 2018

Colas en el Consulado General de España en México para solicitar la nacionalidad.
Elvira Hernández.
Jesús Rodríguez.

Miles de personas obtuvieron la nacionalidad española gracias a sus abuelos, por la vía de la Disposición Adicional 7ª (DPA 7ª) de la Ley de Memoria Histórica aprobada en 2007. Y fueron muchos, principalmente en Argentina, Cuba y México. El objetivo fundamental era “reparar los derechos de las víctimas de la guerra civil y la dictadura, ampliando, entre otras cosas, el acceso a la nacionalidad española de hijos y nietos de españoles que se vieron forzados a emigrar”.

Así, miles de descendientes de exiliados españoles en todo el mundo se convirtieron en nuevos ciudadanos españoles de origen. Cabe destacar que la ley, en la práctica, no acogió únicamente a republicanos exiliados por el conflicto bélico, sino que el plazo se prolongó hasta 1955. Con lo cual, todos aquellos que pudieron probar que alguno de sus abuelos había emigrado entre 1936 y 1955, tuvieron la posibilidad de obtener la nacionalidad española.

Durante los tres años de plazo en los que se aplicó la DPA 7ª, se calcula que alrededor de medio millón de personas pidieron adquirir la nacionalidad por esta vía (aunque aún quedan cientos de expedientes pendientes de resolución). El 95% de ellas de Latinoamérica, de las cuales, más de la mitad en los consulados de La Habana, Cuba, en primer lugar, y Buenos Aires, Argentina, en segundo término.

La entrada en vigor de esta ley tuvo en México un resultado significativo, ya que llegó a duplicarse el registro de matrícula consular, es decir, el número de españoles inscritos como residentes en el Consulado General de España en este país. Cabe señalar que el Padrón de Españoles Residentes en el Exterior (PERE) indica que a 1 de enero de 2009 había un total de 69.571 españoles residentes en este país mientras que a 1 de enero de 2018 la cifra alcanzaba los 135.955.

En este caso en particular, la mayoría de los descendientes de españoles han podido conservar la doble nacionalidad -con doble pasaporte- ya que no hay que olvidar que, a diferencia de lo que ocurre en otros países, México reconoce la nacionalidad por ius solis (derecho de suelo) a todos aquellos nacidos en territorio mexicano, independientemente de la nacionalidad de origen de sus progenitores.

En 2013, el número de solicitudes recibidas por el Consulado General de España en México superaba los 45.000 expedientes y el número de españoles residentes en el país ya se aproximaba a los 110.000. En 2018 ya hay registrados 130.832 españoles que viven en México. Tal incremento queda explicado en primer lugar por la Ley de Memoria Histórica.

Historias recuperadas

La mencionada ley no sólo permitió a miles de personas adquirir la nacionalidad de sus abuelos, sino también recuperar y, en muchos casos conocer, una parte de la historia de sus antepasados, hombres y mujeres -la mayoría jóvenes- que llegaron a una nueva nación con una maleta cargada de sueños para empezar una nueva vida lejos de la tierra que los vio nacer. Aquí, formaron una familia, y aunque muchos de ellos no pudieron regresar nunca a su patria, dejaron un legado, que hoy permite a sus nietos volver en su nombre. Mientras tanto, miles de historias se siguen revelando.

“Gracias al abuelo Ángel tenemos el pasaporte español”

Elvira Hernández y sus cuatro hermanos, Fernando, Ángel, Juan Carlos y José Antonio, obtuvieron la nacionalidad española por su abuelo materno Ángel Illades, originario de Santander, quien llegó a México con 20 años, soltero, sin conocer a nadie y con la ilusión de forjarse un futuro en esta nueva patria. Su fecha de registro en México fue 1939, año en que se casó con Lucía Bravo, una mexicana con quien tuvo dos hijas. Después de trabajar en diferentes cosas, llegó a ser socio de una importante fábrica de aceites. “Incluso tenía una avioneta propia con la que viajaba a Acapulco una vez al mes a vigilar las plantaciones de palmeras de la empresa”, relata Elvira, su nieta, que sólo coincidió con él los primeros años de su vida, pero que conoce bien estas historias que le ha contado su madre desde pequeña.

“El abuelo viajó muchas veces a España con su familia, específicamente a Tama, en los Picos de Europa, en donde todavía vivían sus cuatro hermanas. Él las ayudaba mucho, les llevaba dinero, y les compraba cosas. Muchos años después de que él murió (1965), conocimos a las tías (hermanas del abuelo) allá, en su vieja casa del pueblo, -continúa el relato- curiosamente sólo a las dos que nunca se casaron”, agrega.

De regreso al presente, Elvira explica cómo ella, sus cuatro hermanos, e incluso su madre, obtuvieron la nacionalidad del abuelo. “Me enteré por varias personas que estaban dando la nacionalidad española a los nietos de abuelos españoles residentes en otro país, gracias al gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, con lo de la Memoria Histórica. Y decidimos sacarla por parte de mi abuelo Ángel. Mi mamá no tenía la nacionalidad de su padre porque tuvo que renunciar a ella cuando aquí no se podía tener la doble nacionalidad, así que aprovechó para recuperarla con nosotros”.

Los motivos

El motivo principal que impulsó a Elvira y a sus hermanos a realizar el trámite fue tener un pasaporte que “abre las puertas a la Unión Europea” con las oportunidades que eso implica (trabajo, estudios, residencia, etc.). De hecho, en un primer momento, tenían la esperanza de que también se los darían a sus hijos (nueve entre todos los hermanos), pero al final, sólo lo consiguió una de ellos, Paola, que era la única menor de edad. Para su madre, Teresa, el motivo fue diferente, “sentirse más cerca de su querido padre”.

“Aunque nosotros nos enteramos a tiempo, el proceso se alargó porque tuvimos que buscar el acta de nacimiento del abuelo y el de mi mamá, y nos encontramos con el problema de que estaba mal escrito el apellido Illades (aparecía como Yllades) y hubo que hacer varios trámites para cambiar el acta y apostillarla. Por eso, entregamos los documentos en la última semana del plazo, por lo que tuvimos que hacer largas filas de espera”, explica. Más de dos años después, en marzo de 2014, los cincos hermanos acudieron al Consulado a recoger el certificado de su nueva nacionalidad española. Ahí mismo les dieron a elegir la región de inscripción y ellos optaron por la de su abuelo, es decir, Cantabria.

Hay que recordar que el plazo para presentar solicitudes en el Consulado se inició en 27 de diciembre de 2008 y se extendió hasta el 27 de diciembre de 2011 y fue justo en este último mes cuando más solicitudes llegaron, tanto fue así que las citas previas que el Consulado otorgaba se agotaron y se tuvieron que recibir hasta 3.000 solicitudes sin cita. En ese entonces Miguel Ángel Fernández de Mazarambroz, era el cónsul general de España en México.

“Mexicano y asturiano por el abuelo Francisco”

Jesús Rodríguez obtuvo la nacionalidad española por parte de su abuelo paterno, Francisco Rodríguez Braga, quien nació en Tuilla, Oviedo, en 1901, y murió en México en 1982, cuando Jesús tenía tres años. Era hijo único y su nieto no sabe con certeza los motivos que lo llevaron a cruzar el Atlántico, quedarse en Cuba un tiempo e instalarse en México definitivamente. Lo que sí se enteró, años después, es que su idea original era llegar a Nueva York, lugar al que sin embargo, nunca arribó. La historia posterior, cuando ya estaba asentado en tierras mexicanas, la conoce mejor. Se naturalizó en 1939. Se casó primero con una señora con quien tuvo un hijo y luego con su abuela con quien engendró siete hijos más, entre ellos su padre. Y algo más: nunca regresó a España.

“Hace muchos años una prima que vive en Alemania le aconsejó a mi hermana, que en ese entonces estaba viviendo (ilegal) en Italia, que hiciera el trámite para obtener la nacionalidad del abuelo. El problema es que primero había que encontrar el documento original de éste, que nadie sabía dónde estaba. Lo dejamos pasar hasta que otra prima, años después, nos explicó que ella ya había iniciado el proceso por medio de la Memoria Histórica”, explica Jesús. Y sigue, “nos prestó los documentos que tenía, así como los requisitos que solicitaban y a partir de ese momento me dediqué a recopilar todo lo necesario, tanto de mi hermana como de cuatro primos más. Uno de ellos tuvo que viajar a España, al pueblo de Tuilla, a recuperar la partida de bautismo del abuelo, así como la constancia del registro civil de Langreo, para conformar los expedientes”.

Finalmente, los presentaron en diciembre de 2011, último mes permitido. “Hicimos una fila en donde esperamos más de dos horas, revisaron que todo estuviera en orden y nos dieron una ficha para recoger el documento de nacionalidad -en caso de ser aceptado- dos años después. “Afortunadamente en 2014 nos entregaron el certificado de nacionalidad en el Consulado a todos los que lo solicitamos”, explica. A los tres meses Jesús sacó su pasaporte español, mismo que todavía no ha tenido oportunidad de utilizar, pero que espera hacerlo muy pronto.

Cabe señalar que ni su padre, ni sus tíos (hijos del abuelo español) cuentan con la nacionalidad española, ya que no mostraron interés por reclamarla tal y como hicieron sus hijos. “Como no era un requisito que ellos la tuvieran, pues decidimos hacerlo nosotros. Yo, sobre todo, porque es una puerta abierta para poder vivir o trabajar en España y también en la Unión Europea, de hecho si mi hermana hubiera tenido este documento antes, podría haberse quedado en Italia como quería. Ahora, un hijo de un primo que al ser menor de edad alcanzó a obtener la nacionalidad de su padre, está ahora estudiando en Alemania y va a ser más fácil si se quiere quedar allá”, apunta.

Jesús la solicitó por Asturias, la tierra de su abuelo, aunque cada uno podía elegir la región que quisiera. “Uno de mis primos optó por Cataluña debido a Lionel Messi, el jugador del Barcelona, aunque éste todos sabemos que es argentino”.

Hace un tiempo recibió un correo del Consulado indicándole que para poder votar tenía que registrarse en el Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE), trámite que todavía no ha realizado, razón por la que no ha podido ejercer ese derecho recién adquirido.

En un plazo cercano, Jesús tiene el objetivo de viajar a España, en donde estuvo hace años -en Madrid y Barcelona- y viajar al pueblo de su abuelo, que 30 años después de haber fallecido, le regaló la oportunidad de tener una nueva patria.

La doble nacionalidad en México

Desde 1998 la Ley de Nacionalidad de México permite que las personas mexicanas cuenten con otra nacionalidad además de la mexicana. Antes de esta fecha, admitía que los menores de edad pudieran tener doble nacionalidad, pero al llegar a la mayoría de edad debían optar por alguna de ellas. Si elegían la mexicana, debían renunciar expresamente a cualquier otra. Al mismo tiempo se establecía la pérdida de la nacionalidad mexicana por obtener voluntariamente otra distinta.

Cabe precisar que la nacionalidad mexicana se adquiere por nacimiento o por naturalización. Son mexicanos por nacimiento los nacidos en el territorio de la República, sea cual fuere la nacionalidad de sus padres; los nacidos en el extranjero, hijos de padre o madre mexicanos nacidos en territorio nacional o que posean la nacionalidad mexicana por naturalización y los nacidos a bordo de embarcaciones o aeronaves mexicanas. Por otro lado, son mexicanos por naturalización los extranjeros que obtengan de la Secretaría de Relaciones Exteriores carta de naturalización y los que contraigan matrimonio con mexicanos, que tengan o establezcan su domicilio dentro del territorio nacional y cumplan con los demás requisitos que señala la ley.

Es curioso observar que existe una serie de actividades que por ley se reservan a mexicanos que no posean otra nacionalidad: servir en el Ejército, en las fuerzas de policía o seguridad pública en tiempo de paz; pertenecer al activo de la Armada o de la Fuerza Aérea en todo momento o desempeñar cualquier comisión en ellos; ser capitán, piloto, patrón, maquinista, mecánico y, de una manera general, todo el personal que tripule cualquier embarcación o aeronave que se ampare con la bandera o insignia mercante mexicana; desempeñar los cargos de capitán de puerto y todos los servicios de practicaje y comandante de aeródromo.

Así como ciertos cargos: presidente de la República; gobernador de las entidades federativas; senadores de la República y diputados federales; embajadores y cónsules generales; ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, magistrados de circuito, jueces de distrito, magistrados del Tribunal Fiscal de la Federación; procurador general de la República y agentes del Ministerio Público Federal; consejeros electorales; director general del IMSS; presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos; notarios y corredores públicos; el presidente del Banco de México y cualquier otro miembro de la Junta de Gobierno de dicha institución; presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores; directores de paraestatales, etc.

No obstante, cuando un mexicano con doble nacionalidad pretenda realizar alguna actividad de las señaladas con anterioridad, puede renunciar a la otra nacionalidad y solicitar un certificado de nacionalidad mexicana en los términos de los artículos 15 al 18 de la Ley de Nacionalidad.

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