La segunda vida de Eduardo Barreiros y de su imperio diésel en Cuba

El empresario ourensano vivió los últimos años en la isla caribeña, donde contribuyó al desarrollo industrial del país con su motor Taíno

Eduardo Barreiros con Fidel Castro en La Habana.
Eduardo Barreiros firma en 1981 el acuerdo para la fabricación de motores Taíno con Carlos Rafael Rodríguez, vicepresidente del Gobierno cubano.
El vicepresidente cubano, Carlos Rafael Rodríguez, entrega a Eduardo Barreiros en 1991 el Título de Doctor Honoris Causa por la Universidad de La Habana.

Mañana, 24 de octubre, se cumplen cien años del nacimiento de Eduardo Barreiros, uno de los empresarios españoles más representativos de los “años del desarrollo”. Partiendo de un pequeño taller en Ourense, fue capaz de levantar un gran complejo industrial empresarial que contribuyó decisivamente a la motorización de España, junto con sus hermanos Valeriano, Graciliano y Celso. El motor diésel llegó a ser para los españoles sinónimo de Barreiros, y ello a pesar de la hostilidad de un sector gubernamental tan influyente como el Instituto Nacional de Industria (INI). En 1963, la asociación con la estadounidense Chrysler le lanzó a un protagonismo internacional. Lo que muchos no saben es que los últimos años de su vida estuvieron ligados a Cuba, a donde se fue a vivir en la década de 1980 y murió el 19 de febrero de 1992.

Barreiros nació el 24 de octubre de 1919 en el lugar de Gundiás, en la parroquia de San Miguel do Campo, en Nogueira de Ramuín (Ourense). Cuando aún no era ni un adolescente, empezó a trabajar de revisor en la empresa de autobuses de su padre, que había iniciado el negocio con un vehículo traído a Gundiás a su regreso de Canarias, donde había estado emigrado. Ese primer autobús hacía la ruta Ourense-Luintra-Ourense.

Muchos después, en 1949, cuando Barreiros ya había vendido la empresa familiar y fundado otra que no tenía nada que ver con la automoción –una constructora–, empezó a experimentar con la transformación de motores de gasolina a diésel para cubrir las necesidades propias de los vehículos usados en las obras de las contratas. El éxito obtenido hizo que cada vez fuesen más los transportistas interesados por los nuevos motores. Barreiros trasladó entonces su sede de Ourense a Madrid, alquilando unos talleres en Villaverde Bajo y constituyendo en 1954 junto a sus hermanos la sede anónima familiar Barreiros Diésel para la fabricación de motores, camiones y tractores.

A comienzos de los años 60, España ya se le quedaba pequeña a la empresa. En 1963 firma un acuerdo con Chrysler, a la que cede el 40% de Barreiros Diésel, y funda Barreiros Chrysler para la fabricación de las marcas Dodge y Simca. Se amplían las instalaciones en Villaverde, hasta un total de dos millones de metros cuadrados. Por aquel entonces, los productos Barreiros se exportaban a 27 países y la compañía contaba con 25.000 trabajadores, a los que había que sumar más de 100.000 puestos de trabajo indirectos.

En 1969, el empresario orensano decide sorpresivamente vender a la compañía estadounidense su participación en la empresa y se embarca en un negocio de abastecimiento de sementales a las ganaderías de España y Europa. Durante los años 70 se dedicará a la explotación agropecuaria, además de comprar las principales bodegas de vino de La Mancha, que moderniza totalmente y vende sus vinos bajo las denominaciones de Luís Megía y otras; fundar el Centro Minero de Penouta para la explotación de minas de estaño y pirita en la provincia de Ourense; y establecer sociedades de cartera y una financiera inmobiliaria.

Pero el gusanillo de la automoción le vuelve a picar, y en 1980 -ya sin sus hermanos- funda DIMISA (Diésel Motores Industriales, S. A.). Adquiere dos naves en el polígono industrial de Pinto (Madrid) e instala en ellas un moderno laboratorio de motores para la fabricación y experimentación de prototipos.

Concurso y acuerdo con el Gobierno cubano

Por aquel entonces, el Gobierno cubano había contactado al Lloyd’s Register para que les asesorase acerca de sociedades capaces de llevar adelante un ambicioso programa para construir motores diésel en Cuba y, entre otras opciones (como Nissan o Mercedes-Benz), le da la posibilidad de invitar a DIMISA al concurso internacional. DIMISA gana el concurso y firma en 1981 un contrato con el Ejecutivo de Fidel Castro para realizar un plan de desarrollo de la automoción de Cuba, que incluía la creación de industrias principales y auxiliares de automoción, con el fin de producir motores diésel de diversas cilindradas (de 6 a 12 cilindros en V), cuya denominación será Taíno EB. Para ello se transforma la planta de motores Amistad Cubano-Soviética en donde antes de 1959 estuvo instalada la firma Ambar Motor’s de Estados Unidos.

En 1990 se inicia la fabricación del primer prototipo del motor de Taíno EB10, de 10 cilindros, y comienza la construcción de los motores de 4 y 12 cilindros. Desde este año se fabrican motores de 3 cilindros en línea, motores de nuevo diseño de 4, 6 y 8 cilindros en V, motores para uso agrícola y motores estacionarios. También se inicia la construcción de la planta de prensas en Guanajay.

No se lograron los objetivos iniciales de llegar a los 10.000 motores/año porque entre tanto tuvieron lugar la caída del muro de Berlín (1989) y la desaparición de la URSS (1991), y Cuba entró en crisis estableciéndose el llamado periodo especial, pero sí se produjeron motores y se modernizó toda una industria, desde la fundición a la fabricación de tornillos, que sin duda fue muy útil a la isla.

Los reconocimientos a Barreiros por parte del régimen no tardaron en llegar. En 1991, el Instituto Superior de Diseño Industrial de La Habana le confiere la categoría especial de profesor invitado y la Universidad de dicha ciudad le concede el Título de Doctor Honoris Causa en Ciencias Técnicas. Además, se le hace entrega de La Giraldilla de La Habana, que se otorga a aquellos ciudadanos que han alcanzado méritos extraordinarios por su excepcional contribución al desarrollo y fortalecimiento de la ciudad.

El empresario falleció inesperadamente en La Habana el 19 de febrero de 1992. Tenía 72 años.

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