La banda terrorista ETA se disuelve sin mostrar arrepentimiento y sin citar a las víctimas

La labor de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado consiguió dejarla sin margen de maniobra

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (al fondo), en su visita a las nuevas dotaciones de la Guardia Civil en Logroño.

El 3 de mayo de 2018 pasará a la historia como la fecha en que ETA hizo efectiva su disolución. Sin embargo, la banda terrorista llevaba muchos años ya sin margen de maniobra gracias a la extraordinaria labor de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, que descabezaron las sucesivas cúpulas dirigentes de la organización criminal y pusieron a disposición de los jueces a sus miembros más destacados, que cumplen penas en prisión.

El cierre de su triste historia lo realizaron dos históricos de la banda huidos de la Justicia, Josu Ternera y Soledad Iparaguirre ‘Anboto’ -acusados ambos de un total de 17 muertes, incluyendo a 5 niños-, en un comunicado leído que distribuyó ETA en el que confirmó su disolución sin pedir perdón por los múltiples y dolorosos daños causados por su actividad y sin mostrar síntoma alguno de arrepentimiento. De hecho, no hicieron mención a las víctimas de su terrorismo e incluso intentaron justificar su acción sin autocrítica ninguna.

Un día antes, la banda había hecho pública una carta en la que daba por disueltas completamente sus estructuras, también sin reconocer culpa alguna. Además de la declaración y de la carta, se sucedieron una serie de actos pseudo-propagandísticos, como el llevado a cabo en un palacete francés, próximo al País Vaco, por los supuestos ‘mediadores’ internacionales que avalaron el fin de ETA y leyeron un documento en el que asumen el discurso y el lenguaje de la banda terrorista y cargan contra los gobiernos de España y Francia preocupados sólo por los encarcelados y los huidos. 

Según fuentes oficiales, ETA llevó a cabo desde el año 1968 unos 3.600 atentados, 86 secuestros y 10.000 extorsiones por las que recaudaron más de 5 millones de euros sólo desde 1993. No hay una cifra exacta de las muertes que causó la banda terrorista, pero se estima que están en un abanico entre las 829 y las 858, aunque el Ministerio del Interior, en su último recuento, las cifra en 854. Actualmente, hay 343 etarras en prisión y la Policía y la Guardia Civil desarticularon 200 comandos de ETA.

 

Ejecutivo y partidos defienden a las víctimas

La reacción del Gobierno y de los partidos políticos fue común a la hora de señalar que la banda terrorista se ha visto forzada a su disolución y que la democracia ha derrotado a ETA sin que consiguiera ninguno de sus propósitos. Además de coincidir en su recuerdo cariñoso a las víctimas del terrorismo. Un colectivo que se revolvió contra el protagonismo de los últimos días de ETA para asegurar que no era el final que las víctimas merecían y exigiendo que no se les sometiera a otra humillación. Incluso la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) culpó al Gobierno de permitir a la banda ocultar su derrota

Por su parte, el Ejecutivo repitió, en cuantas intervenciones tuvo, que no habrá ningún tipo de impunidad para la banda y sus delitos. El presidente, Mariano Rajoy, respondió a la carta de ETA desde un cuartel de la Guardia Civil en Logroño el 3 de mayo, donde aseguró que los terroristas no recibirán nada a cambio de su disolución. Y tras el comunicado, Rajoy realizó el día 4 una declaración institucional en la que señaló que no era “un día de celebración”, sino “de recuerdo y homenaje” a las víctimas de la banda terrorista. La historia de ETA, dijo, es la “del fracaso de la violencia frente a la grandeza de la democracia”. Tras asegurar que “no hubo ni habrá impunidad” para sus crímenes, anunció la convocatoria de una reunión extraordinaria del Pacto Antiterrorista.

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