Guillermo Fernández: “La emigración gallega le dio al tango el dramatismo y la nostalgia que tiene”

El cantante argentino vuelve a la tierra de su padre para actuar en A Coruña y Vigo

Guillermo Fernández (fotografía cedida).
El cantante argentino es hijo adoptivo de Navia de Suarna (fotografía cedida).
Fernández ha cumplido ya cincuenta años de carrera artística (fotografía cedida).

Guillermo Fernández es uno de los cantantes argentinos de tango más importantes de la actualidad, y uno de los más veteranos, pues ya ha cumplido 50 años de carrera, a pesar de tener solo 61 de edad. Su último trabajo discográfico es De criollos y tangueros. Con Gardel. El musical (2016), el primer espectáculo de este tipo que cuenta la historia del mítico cantante, ha girado durante dos años por Argentina y otros países sudamericanos, y ha ganado siete grandes premios en su país.

Nacido en Buenos Aires, en el barrio de San Telmo, donde aún vive, su padre era gallego y su madre argentina de origen italiano. En mayo del año pasado viajó a Galicia para ser nombrado hijo adoptivo del Ayuntamiento de Navia de Suarna, donde nació su progenitor (en el lugar de Vilameixide), que emigró a Argentina de niño.

Estos días está de nuevo en Galicia para actuar en A Coruña (Boabab Bar, jueves 11 de julio) y Vigo (Café De Catro a Catro, sábado 13 de julio).

Su padre nació en Vilameixide, Navia de Suarna, en 1918.

Un pueblo bellísimo que recomiendo conocer. Tengo la suerte de haber sido nombrado hijo dilecto hace un año. Fuimos hasta la casa de mi padre, pusieron una placa en lo que queda de una pared y planté un castaño en medio de la casa. Hoy lo fui a ver, y un año después ya es un árbol.

Aquella fue la primera vez que vino a Galicia.

Sí. Yo en la Argentina trabajo mucho y me costaba mucho salir, porque cuando uno está cómodo en su tierra le cuesta mucho arrancar. Pero ahora Argentina está pasando por un momento muy difícil, el más difícil que yo he vivido, y tengo 61 años. Realmente este es un gobierno desastroso. Con gobiernos así, lo primero que se resquebraja es el arte. Han cerrado el Ministerio de Cultura, los teatros están cerrando… Tengo amigos dueños de teatros que tuvieron que cerrarlos porque les aumentó la luz un tres mil por ciento en menos de un año. Lo más triste es que seis de cada diez niños son pobres.

¿Cuándo emigró su padre a Argentina? ¿A qué se dedicó?

Vino a los siete años, en 1926. Llegó a Buenos Aires desde Vigo, en el vapor “Mosella”. Desde muy niño era un gran jugador de fútbol y fue recibido en tres equipos muy importantes, pero su padre no le permitió seguir su carrera de futbolista. Vendía periódicos en la calle y después, poquito a poquito, empezó a trabajar en un comercio, y se hizo dueño de uno. Tenía una librería y juguetería.

¿Qué relación ha tenido usted con la colectividad gallega en Buenos Aires? ¿Qué instituciones frecuentó?

Me crié hasta la adolescencia en el Centro Lucense, que hoy es el Centro Galicia, en Olivos. Aún voy de vez en cuando para alimentar mi memoria y mi recuerdo. Cantaba en gallego y bailaba jota desde muy niño. Y canté con muchas orquestas de tango. Mi padre y mi padrino -mi tío Paco- fueron socios fundadores. Mi prima hermana Beatriz Fernández fue la mejor profesora de danza gallega en su época y su padre, mi tío Arturo Fontalba (que era su nombre artístico; se llamaba Arturo Fenrández) fue un gran recitador español muy reconocido en los años 40 en los cafés de la Avenida de Mayo. En 1933 conoció a Federico García Lorca en el Hotel Castelar y tuvo mucha amistad con él.

Ha escrito una canción sobre Galicia y la emigración gallega a la Argentina, Dos riberas. ¿Cuándo la escribió?

Hace año y medio, antes de venir a Vilameixide a la casa de mi padre por primera vez. En este momento estamos terminando de editar en Vigo un vídeo que hice allí. Lo estoy editando con Néstor Blanco, un gran músico argentino que vive en Vigo desde hace treinta años. Es más gallego que yo.

¿Qué pretende decir con ella?

Lo que estoy haciendo es juntar las dos orillas de Buenos Aires y Galicia. Como dice la canción, son dos riberas, “otoños tristes y alegres primaveras”. Puse en la letra toda esa nostalgia, toda esa tristeza, toda esa esperanza que ponían esas mujeres que lavaban en los ríos y se bañaban en las rías.

¿Qué hay de Galicia y de la emigración gallega en el tango?

La emigración gallega le dio al tango todo el dramatismo que tiene, una gran tristeza y nostalgia.

Actuó por primera vez en público, en el Canal 7 de Buenos Aires, en 1965, con siete años. ¿Cómo recuerda esa experiencia?

Era muy chico. Cantaba muchos tipos de canciones. Desde los dos años actuaba en público, en bodas, cumpleaños y fiestas particulares. Un día, un productor de televisión me vio cantando un tango y me dijo que eso era exactamente lo que debería cantar, porque me quedaba perfecto. Desde entonces, nunca dejé el tango. A los diez u once años ya me había convertido en el niño mimado y el nieto de las grandes estrellas del tango: Aníbal Troilo, Mariano Mores, Roberto Goyeneche…

¿Con quién de ellos tuvo más relación?

Quizás con Aníbal Troilo, que fue mi primer maestro. Fui a estudiar a su casa. Era un hombre de muy pocas palabras, pero muy sabio. Recuerdo una vez que estaba cantando un tango, y en un momento lo canté fuerte y él me hizo callar. Y me dijo: “No, Guillermo, no se canta de afuera afuera; se canta de adentro para afuera”. Eso me marcó muchísimo. Fue una de las mejores enseñanzas que he tenido en mi carrera.

Ha girado por Japón en seis ocasiones. ¿Por qué les gustan tanto a los japoneses músicas tan alejadas culturalmente de ellos como el tango o el flamenco?

El público japonés es mucho, es muy grande. Entonces, con un 0,5% que siga una música son millones. Pero creo que tienen un gran entendimiento de las músicas que son populares, dramáticas, nostálgicas y sentimentales. Les llegan de una manera muy especial. Porque el tango y el flamenco tienen una raíz dramática y sentimental.

Tuvo en la televisión pública argentina el único programa de tango emitido en el país en la televisión abierta en los últimos 20 años.

Parece mentira, pero en Buenos Aires no hay programas de tango en la televisión abierta. Yo innové con un programa donde llevé a todas las nuevas generaciones del tango y también a las de antes, interactuando con las actuales. Inclusive llevé a los grandes músicos de rock a cantar tangos: Ricardo Mollo, Fito Páez…

¿Hay un cierto desapego institucional o social hacia el tango en la Argentina de hoy? ¿Le ha pasado como a la copla en España, que se llegó a sentir como algo del pasado y ligado al régimen político anterior?

Es muy posible que ocurra algo parecido. Hay una gran forma de ponerlo como parte del pasado. El tango es muy dramático, muy nostálgico, muy sentimental, y hoy todo pasa por la rapidez, por el no pensar, por el no sentarse a meditar. El tango te invita a meditar, a sentarte y escuchar, como un clásico de jazz. No lo puedes poner mientras estás haciendo la comida o jugando con los amigos. Se pega en alguna parte de tu sentimiento. En algún tango vas a encontrar siempre un pasaje de tu vida de mucho dolor y hoy la gente lo quiere saltear, pasar a mañana sin pasar por ayer y hoy. Gran parte de nuestra sociedad no quiere saber nada con la memoria ni con la historia.

Ha hecho un libro disco y un espectáculo de tango dirigido a los niños. ¿Qué salud tiene el tango entre los más pequeños?

Es el único intento que se ha hecho, no hay otro. Lo hice con los trece mejores historietistas gráficos de la Argentina. Cada uno dibujó un tango cuento, un cuento con música de tango y pensado en tango. Nosotros estamos convencidos de que los niños son tan nostálgicos como nosotros. Apelamos a esa nostalgia y a ese romanticismo que tienen los niños, a los que normalmente los hacedores de música para niños no apelan. Van más a las explosiones, a los colores, a llamarles la atención con mucho movimiento. Por ejemplo, en el espectáculo y en el libro disco tenía una canción muy triste que se llama La triste historia de Rosa Brown. Es una rosa que perdió el color porque la dejaron plantada. Y la rosa la hacía simplemente una bailarina de tango contemporáneo, y no había otra cosa en el escenario: ni luces estridentes, ni sonidos fuertes, ni payasos, ni bocinas, ni serpentinas, ni pitos. Y los niños quedaban extasiados.

3 comentarios en “Guillermo Fernández: “La emigración gallega le dio al tango el dramatismo y la nostalgia que tiene”

  1. Felicitaciones profe Guillermo…. qué bueno ser reconocido en el ayuntamiento cómo hijo adoptivo y cómo cantautor….lo abrazo a la distancia y le auguro éxitos. Besos

  2. ¡Qué hermosa obra la tuya ,Guillermito,! yo te recuerdo así de Grandes Valores del Tango, dirigido por Silvio Soldán, creo que no hubo después otro programa de tango en la TV de Bs. As..Gracias por toda tu maravillosa trayectoria y que lleves el tango a Galicia y a todo el mundo.

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