25 jóvenes de Renania viajan a la ciudad de Weimar y al campo de concentración de Buchenwald

Organizado por la Coordinadora Federal del Movimiento Asociativo en Alemania

Visita guiada a la ciudad de Weimar.
En la entrada al campo de concentración de Buchenwald.
Los visitantes junto al Monumento al Holocausto de Buchenwald.

‘Experimenta la historia y el sistema político de Alemania’, bajo este lema, la Coordinadora Federal del Movimiento Asociativo en Alemania invitó nuevamente a 25 jóvenes de diferentes nacionalidades residentes en Renania del Norte-Westfalia a participar en un viaje socio-político.

En esta ocasión, el destino era el campo de concentración de Buchenwald y la ciudad de Weimar. El viaje se desarrolló durante el fin de semana del 22 al 24 de junio de 2018.

La actividad comenzó con una visita del antiguo campo de concentración de Buchenwald. Tras un vídeo de presentación del museo conmemorativo, se continuó con una visita guiada en alemán de las instalaciones aún existentes de este monumento histórico.

Este campo de concentración de fue uno de los más grandes en todo el territorio alemán. Estuvo en funcionamiento desde julio de 1937 hasta abril de 1945 en la colina de Ettersberg, muy cerca de la ciudad de Weimar. En total se estima que estuvieron presas unas 250.000 personas procedentes de todos los países de Europa. El número de víctimas, provocadas por las enfermedades, la mala sanidad, los trabajos forzados, la tortura, experimentos médicos y fusilamientos se estima en unas 56.000, entre ellas 11.000 judíos.

No obstante, en Buchenwald no había cámaras de gas, las cuales eran propias de los campos de exterminio. En principio, se trataba de un campo para prisioneros políticos. La ampliación para judíos se produjo en 1938 y, tras la ‘Noche de los cristales rotos’ entraron en él unos 10.000 judíos. Buchenwald fue uno de los campos de concentración más utilizados en la Alemania nazi, junto con Auschwitz, siendo este el más importante.

A lo largo de los casi ocho años, los prisioneros del campo realizaron trabajos forzados, ya sea en proyectos de construcción y artesanía, construyendo carreteras o bien produciendo armamento para el ejército nazi. Al igual que en otros campos de concentración, en Buchenwald se llevaron a cabo numerosos experimentos en los que los prisioneros eran utilizados para probar nuevos medicamentos y diferentes técnicas que a menudo los mataban o los dejaban lisiados. Los grupos de presos se distinguían entre sí mediante un sistema de marcaje de prisioneros basado principalmente en triángulos invertidos. Los triángulos estaban hechos de tela y se cosían sobre las chaquetas y camisas de los prisioneros.

Estas marcas eran obligatorias y tenían significados concretos que servían para distinguir las razones por las que el prisionero había sido ingresado en el campo y, de esta manera, también crear un ambiente de distanciamiento entre ellos, dado que algunos grupos eran tratados de manera diferente a los demás.

En los últimos años, los prisioneros de otros campos cercanos también fueron trasladados a Buchenwald, por lo que los hacinamientos y las epidemias provocaron el empeoramiento del estado de salud de los prisioneros.

En 1945, justo antes del fin de la guerra, tenía un sobrecupo de alrededor de 100.000 prisioneros judíos. A partir del 6 de abril de ese mismo año, los oficiales de Buchenwald dieron la orden de enviar a los judíos a las llamadas ‘marchas de la muerte’. Cinco días después, el 11 de abril, los estadounidenses descubrieron el campo de concentración, poniendo así fin al horror, pero su historia negra aún se alargaría hasta 1950, pues tras la II Guerra Mundial pasó a convertirse en el Campamento Especial nº2 Soviético.

Durante el recorrido por el campo, los participantes tuvieron asimismo la ocasión de visitar puntos esenciales, como el crematorio, el museo conmemorativo, ‘el rincón del tiro en la nuca’ o los barracones y lavabos de los presos, y de conocer las biografías de algunos de los antiguos inquilinos y otros documentos históricos, como cartas de despedida en los últimos días de vida en el campo.

Durante la visita, los jóvenes vivieron sentimientos y sensaciones de máximo emoción. La mayoría de ellos percibió una atmósfera fría, incómoda y asfixiante que se interpretó como una representación de la persecución y del frío y calculador exterminio masivo de judíos, prisioneros políticos contrarios al régimen, criminales comunes, emigrantes, prisioneros religiosos cristianos, como por ejemplo los Testigos de Jehová, homosexuales, maleantes, sin techo, enfermos mentales, alcohólicos o drogadictos y gitanos, en una época en la que las vidas humanas de algunas personas no contaban prácticamente nada.

Visita guiada al casco histórico de la ciudad

Ya de regreso en el centro de la ciudad de Weimar, los jóvenes participaron en otra visita guiada, en esta ocasión, por el casco histórico de la conocida como ‘capital alemana de la cultura’. A lo largo de este recorrido, que incluyó los lugares más característicos como el Palacio de Weimar, el parque sobre el río Ilm, la Universidad Bauhaus, las casas de Goethe y de Schiller o el Teatro Nacional de Weimar, los participantes pudieron palpar el espíritu cultural y artístico de esta pequeña ciudad. No hay prácticamente otro lugar que esté tan ligado a la historia cultural de Alemania como Weimar. Durante siglos, la ciudad fue suelo abonado para las ideas innovadoras en el arte, la cultura y también la política.  Tal es el caso de Johann Wolfgang von Goethe que vivió en Weimar durante cincuenta años, desde 1782 hasta su muerte en 1832. Allí escribió poesía, investigó e ingresó en la política. También Friedrich Schiller llegó a Weimar en 1799 y en sus últimos seis años de vida creó obras literarias de gran importancia. Igualmente, Franz Liszt viajó a la ciudad en repetidas ocasiones entre 1869 y 1886 y se quedó allí durante varios meses para encontrar la inspiración para sus composiciones. Y no podemos olvidar a Friedrich Nietzsche quien esbozó allí muchas de sus ideas filosóficas más destacables hasta el año 1900. En el siglo XX, Weimar pasó a ser un lugar de gran importancia política. El 6 de febrero de 1919 se reunió en el Teatro Nacional Alemán la Asamblea Constituyente de la primera democracia alemana, la de la República de Weimar.

Los participantes quedaron plenamente satisfechos con el transcurso del viaje y lo consideraron una espléndida oportunidad para conocer la historia y la cultura de su país de residencia. La Coordinadora Federal, por su parte, es consciente de la necesidad de información y conocimiento socio-político de los jóvenes autóctonos y de origen migratorio en Alemania y seguirá apoyando en el futuro diversas actividades de esta índole.

 

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